Pasaba por aquí y dejo unas líneas
Diciembre 11, 2007 at 12:16 pm | In Aficiones, Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 7 Comments
Tal día como ayer
Diciembre 5, 2007 at 12:20 pm | In Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 3 Comments
Fotografía tomada del blog de mi amigo Javier y que tiene titulada “crecer para dentro”
¿Damos un paso más?
Noviembre 15, 2007 at 10:23 am | In Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 14 CommentsEs cierto, es un hecho viendo la fecha del último post, que hace tiempo que no he “colgado” nada. No por ello he dejado de visitar los clásicos de la red, dejando algún que otro comentario, pocos vale. Hoy tengo varias ideas en la cabeza, pero hay una, sobre todo una, que me ronda bastante últimamente: catequesis.
Más de una vez hemos escuchado que no hay nada más cierto que lo que te enseña la escuela de la vida. Una de las conclusiones a la que podemos llegar, por lo menos yo, es que en este mundo no se trata tanto de convencer a alguien, sino de demostrarles. También aprendí que no hay que dar nada ni por sabido ni por supuesto. ¡Cuánta verdad!
No hace falta más que escuchar, o leer, las noticias cada día. Poco a poco intentan sacar –alejar- a Dios de la persona. Por eso tenemos que “utilizar”, qué mal suena ¿no?, el cara a cara, que lo que decimos tenga sintonía con lo que vivimos. ¿Por qué nos avergonzamos de nuestra condición de cristianos? ¿Luego nos lamentamos de lo que pasa?
También, aunque tengo que seguir pensando sobre estos temas, hay bastante de comodidad -sin generalizar, claro- cuando se dice que se pierde la fe; me falta libertad; no tengo paz… Si me preguntas, ¿cuándo has sido verdaderamente feliz? No tengo más remedio que responder la verdad: cuando más cerca de Dios estaba. En esos momentos, en el trato sincero con el Señor, uno siente la auténtica libertad, la auténtica paz. Dejamos de tener esos sentimientos, cuando cambiamos el orden de valores, cuando anteponemos el yo a cualquier circunstancia y dejamos a Dios y a los demás aparcados. Entonces entra nuestra vena crítica de todo y lo único que tenemos que realizar no lo hacemos: examen de conciencia y ser sinceros para encontrar en nosotros mismos “las causas” de los defectos de los demás.
Al final, ¿veis?, no escribí de lo que de verdad quería Se que tengo que actualizar más este blog, pero también podéis visitar el apartado de “otros blogs”. Al tiempo, que es de los mejores aliados que tenemos, o no. Se verá, depende de cada uno, de nadie más.
Poseedores de la verdad
Octubre 29, 2007 at 11:30 am | In Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 11 Comments
(Fotografía del blog Garaje La Luna)
Estamos aparcando a Dios de forma sutil, anteponemos lo “mío” por lo “nuestro”, el “yo” por el “nos” o el “vos”. Estamos perdiendo perspectiva, no nos percatamos que a Dios le tendremos, ¡le tenemos!, siempre. Nos falta fe. Hay quienes no conocen a Dios; hay quienes, por la falta de trato con Él, se han instalado en su castillo y dudan de la sobrenaturalidad de la Iglesia y de casi todo lo que la conforma, como fruto de esto llegan a perder la fe, eso dicen, echando la culpa a otros de apartar a Dios de sus vidas. Leía no hace mucho en un periódico gratuito, en una sección en la que preguntaban a padres sobre la religión en los colegios, que una madre decía que había elegido que su hijo no estudiara religión, que esa opción se la dejaba para cuando fuera mayor y que, así lo decía, ella misma creaba su religión. Religión a la medida, conductas morales a nuestra conveniencia, argumentos para justificar nuestra falta de compromiso. Últimamente me pregunto sobre cómo ser más objetivo o en qué momento uno es más objetivo. Después de tantas equivocaciones, uno termina por concluir que el mejor lugar donde encontrar esa objetividad -sinceridad y valentía para enfrentarse a la verdad- es delante de Jesús Sacramentado. No se trata sólo, que es mucho, de contarle nuestras cosas, sino también el tener la disposición de saber escucharle; afrontar esos golpes en el alma, eso que “agita” a veces nuestra conciencia, sobre las cosas en las que hay que poner orden en nuestros quehaceres. Es posible, cada uno es cada uno, que bastantes de los problemas que tenemos, incluso aquellos a los que no terminamos de dar una solución definitiva, sea por nuestra falta de presencia de Dios. Me paro aquí. Quería escribir sobre otros asuntos, de cómo alucino con aquellos que saben interpretar fidedignamente, los demás no saben o no sabemos, los documentos eclesiásticos, de qué es de Dios o qué no es. Nosotros, ¿somos de Dios o nos inventamos también nuestra religión?
Seguir caminando
Octubre 17, 2007 at 8:11 am | In Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 11 CommentsEs casi propio de la naturaleza humana hacer una valoración crítica de lo que nos rodea. Esto nos puede llevar a buscar las causas de algunos de nuestros males en el exterior sin pensar, o por lo menos sin profundizar lo suficiente, en la posibilidad de que algunas de esas causas provengan por nuestro comportamiento.
Yo no deseo convertirme en un defensor –tampoco hace falta- del Opus Dei, pero sí que después de leer y escuchar a los demás, también me apetece contar mis experiencias. Tengo la suerte de haberlas vivido en primera persona, por lo tanto nadie me va a engañar y no hay nada que se quede en el camino. Alguno dirá que sigo bajo las redes opusinas y que manipulan mi cabeza para escribir esto o pensar como pienso. Otro argumento que pueden decir, es que soy un sentimental que añora su pasado y que no soy capaz de salir de él. La mejor respuesta a esto sería que pasáramos un día juntos, es posible que un día pueda valer, para que pudieran percibir que no es así. ¡Vaya que no es así!
Tengo una máxima, ya le expuse en alguna ocasión: mi alma es entre Dios y yo. A mí, por lo menos a mí, la Obra me sirvió para conocer al Señor, si esto es así ¿puede ser mala? Si una persona tiene trato con Dios –trato sincero-, mediante los Sacramentos y la oración, no la veo capaz de faltar a la caridad, sin entrar a valorar si también puede estar faltando a la justicia. En todo caso, no hacer lo que critico o no hacer lo que no me gustaría que me hicieran.
Con quince años pedí la admisión en el Opus Dei, porque quise, de esto me acuerdo perfectamente. Casi doce años después me fui, también cuando quise. Nunca me sentí coaccionado. Recuerdo cómo el director del centro me intentaba ayudar. Hay que reconocer que en época de rebelión a uno la voluntad le falla –somos poco objetivos con nuestra alma, posiblemente esto sería más certero decir- y no era capaz de ver más allá de mi propia conveniencia. Es como los padres hacen con sus hijos pequeños, como estos no tienen voluntad para hacer las cosas (comer, por ejemplo), los padres la ponen por ellos.
El pasado. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, no estoy de acuerdo del todo o por lo menos no siempre, considero que cualquier tiempo pasado fue distinto. En mi caso, en unas ocasiones para dar gracias y en otras para desagraviar, también me río. Lo peor no es haber dejado la Obra, lo peor es todo ese tiempo que estuve sin querer a Dios. Agua pasada no mueve molino, esto si que es verdad. No me preocupo del pasado –ya no puedo hacer nada-, tampoco del futuro –no se qué pasará-, pero sí que me interesa el presente, el día a día. Desde luego, no podemos consentir que por pensar en el pasado nos quedemos parados en/con nuestras vidas.
Tengo un amigo que es jugador de fútbol sala de alta competición, concretamente portero. Últimamente no juega mucho, me llamó una noche de la semana pasada para desahogarse ya que lo está pasando mal (se pasa mal, de verdad, cuando uno piensa que no valoran su trabajo y su esfuerzo). Después de escuchar, le dije dos cosas. La primera, que tenía que ser un profesional y acatar las decisiones de su entrenador y que no pudieran tener reproche de él con respecto a su manera de entrenar y su compañerismo. La segunda cosa que le dije fue que hablara con el entrenador y le expusiera todo lo que pensaba, que no dejara en su cabeza nada que luego le pudiera dar quebraderos de la misma, así evitaría juicios sobre algo en lo que es posible que él viera unas cosas que no había. Después de hablar con él, me escuché a mi mismo y pensé: esto me suena ¿por qué no lo haré yo con mi vida?
Es muy importante desahogarse en el lugar adecuado, si nos entran dudas sobre algo lo mejor es ir a las fuentes. En todo caso, recomiendo la web Opus Dei al día.org, no es oficial de la Obra y creo que algo puede ayudar en bastantes aspectos. Pero insisto, lo mejor del todo es el boca a oreja y preguntar directamente para despejar dudas.
Retazos del fin de semana
Octubre 15, 2007 at 11:38 am | In Cajón de sastre, Mis charcos | 6 Comments
Un poco de todo. Por fin, unos días fuera
Octubre 9, 2007 at 9:01 am | In Aficiones, Mis charcos, Mons. Javier Echevarría, Opus Dei, Opusdei, Prelado | 19 Comments
Aprovechando la fiesta de hoy
Octubre 1, 2007 at 9:21 am | In Aficiones, Mis charcos, Santa Teresa de Lisieux | 5 CommentsEn nuestro porte debemos ser maduros, con los seguros errores que podamos cometer, pero que sean más bien fruto de nuestra debilidad más que de nuestra maldad. Siempre podemos, debemos recomenzar, como decía San Josemaría, cada vez que hago un acto de contrición, recomienzo. Más o menos así lo leí en uno de los libros que escribió para que nos apoyáramos en ellos y así abrir nuevos horizontes en nuestra oración y en nuestra lucha diaria.
La fotografía es del equipo que este año llevo, ya véis lo grandes que son. Empatamos a seis y la verdad que las sensaciones que me quedaron fueron mejores de las que suponía. Hay que confiar más en los demás. Con el encuentro me hago una idea mejor de las cosas a trabajar para que este pedazo de jugadores evolucionen en la técnica del fútbol sala.
Reconozco que la hora que les entreno, es para mi como estar en el recreo, me ayudan a desconectar de los “problemas”. También reconozco que el sábado en el partido me tuve que contener para no dar algún grito, por estar acostumbrado a los “grandes”. Dos de los goles que nos hicieron fueron por dos acciones desafortunadas del gran Juan, ¡no pasa nada! (¿dónde habré leído esto hace poco?) dije, para aprender también hay que equivocarse a veces. Luego, algún comentario al resto de los niños para que le ayudaran a la hora de salir con el balón controlado.
Hoy es Santa Teresa de Lisieux, de la que tanto podemos aprender por caminos de infancia espiritual y abandono.
Espíritu deportivo
Septiembre 27, 2007 at 9:18 am | In Anti Opus, Ex-Opus Dei, Exopus, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei, antiopus | 8 CommentsEn mi etapa como entrenador había un detalle que no me gustaba nada. Era cuando un jugador quería hablar conmigo sobre su situación en el equipo, de cuántos minutos jugaba por partido y su mayor argumento era la comparación con el compañero. Considero que una de las pocas cosas buenas que tenía era que cada jugador sabía perfectamente su rol en la plantilla, porque se lo decía personalmente a cada uno. Ahí están los resultados.Cuando sufríamos una derrota el fin de semana, el primer día de entrenamiento manteníamos una charla y mi discurso era casi siempre el mismo: mirad cada uno vuestro partido, no miréis a vuestra a izquierda o a vuestra derecha –a los compañeros- y preguntaros si estuve a la altura de mis posibilidades, si podéis estar contentos con vuestro trabajo. Después de cada encuentro siempre he dormido mal, aún ganando, dando vueltas a la cabeza, analizando cada detalle. Lo primero miraba mi actuación, cómo había manejado los cambios y su influencia en el ritmo del partido, para bien o al contrario.
No es bueno ahogarse en la derrota, ni desesperarse. Una vez “descubiertos” los errores hay que poner manos a la obra, con trabajo y hablando. Con trabajo para mejorar aspectos del juego –defensivos o de ataque, estrategia, concentración…-. Hablando con cada jugador, individualmente, para corregir detalles pequeños que podían haber influido en una acción determinante. Más de una vez el vídeo ha demostrado al jugador que efectivamente podía haber estado mejor en esa jugada.
Pero en nuestra vida no nos graba nadie para que nos podamos dar cuenta que somos nosotros los que en ocasiones podemos estar equivocados. Una buena manera de salir adelante en la vida es mirando de frente a los problemas y solucionarlos desde dentro de uno. No estar continuamente dando vueltas al pasado, sin darnos cuenta que esto no nos hará cambiarlo.
Cuando leo que alguien ha perdido su fe o deja de practicar y en su día tuvo trato con Dios, me pongo en mis zapatos –no hay nada como haber vivido distintas situaciones- y una de las conclusiones que saco es la de dejadez. Por supuesto que generalizar es peligroso, pero al igual que el cuerpo necesita comer, descansar y ¡trabajar!, el alma necesita rezar. Es peligrosa la rutina. Amar es darse y en este caso es darse a alguien que ya lo dio todo por nosotros.
Después vendrá la segunda parte de cada historia. Sí, historia. Porque es una historia que nos inventamos para quedarnos tranquilos con nosotros mismos y buscamos complacencia en aquellos que dirán lo que queremos escuchar.
Es posible que tenga pocas cosas claras en esta vida, pero una de ellas es que tendré que dar cuenta de mi alma a Dios. Esto no me supone “comerme” la cabeza y estar temeroso -¡qué no es eso!- y que mi salvación depende de mi. ¿Cómo y quién decía eso de que Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti? Ahora no recuerdo, pero casi lo tengo.
En definitiva, entre Dios y yo. El Señor puso en mi camino el Opus Dei, que viene a ser como mi intermediario, el camino que más se ajusta a mi alma. Podía ser otro, los he conocido y no por curiosidad sino buscando, pero es este y con mis circunstancias personales.
Cada uno debe saber encontrar su lugar… y querer a todos. No nos hace ser mejores el hablar mal de los demás.
Sigo con mis cosas
Septiembre 25, 2007 at 9:32 am | In Anti Opus, Cajón de sastre, Ex-Opus Dei, Exopus, Normas de piedad, Opus Dei, Opusdei, Oración, antiopus | 18 Comments
Se que últimamente los post de este blog están cambiando de rumbo. He decidido que en lugar de andar abriendo nuevos por qué no utilizar el que tengo. Por este motivo, si alguien quisiera leer otras cosas recomiendo cualquiera de los blogs amigos de la columna de la derecha (espero no volver a cambiarlos de lugar). Sugiero al Pianista, a una chica de Bilbao, a un aventurero de la abogacía, a uno que no le gusta el fútbol, a mi locutora favorita, navegar en el mar, a mi amiga chilena en Alemania y sus innumerables blogs, a mi amigo Dimas -espero que por fin nos podamos ver-, a un catalán por Cantabria, al lobo feroz que quiere cambiar el mundo, a una que lleva botas y a Benita (jajaja, ya sabes) que da gusto leer. Podía haber puesto los enlaces de todos los blogs, no quiero dejar a nadie, pero estos son a los que rindo homenaje. Ahí escribo.
El motivo que hizo que parte de mi tiempo lo dedicara a esto de internet fue el descubrimiento de una web en la que se hablaba del Opus Dei. Durante unos días me dediqué a leer casi todos sus artículos. En ellos se contaban, se cuentan, situaciones muy diversas, experiencias que no dejan indiferente al que las lee. A mí me provocó mirar hacia dentro primero y hacia delante después.Es cierto que en nuestra vida nos encontramos con personas de todo tipo, que nos caen mejor o peor, que son más o menos simpáticas, más o menos amables… No hace falta que pertenezcan a una institución de la Iglesia para ponerla una etiqueta por el comportamiento de sus individuos. Lo mismo que pensamos de los demás, pueden hacerlo de nosotros. Y no nos damos cuenta.
Hoy me gustaría hablar de las normas de piedad. Algunos podrán considerarlas como prácticas obligatorias para que, al llegar la noche en la hora del examen, uno pueda quedarse “tranquilo” de haber “cumplido” con su piedad.
Si una cosa he descubierto en este último tiempo, hace casi 18 años que no soy de la Obra, es que esas normas de piedad no suponen para mi un cumplir con nadie, ni con el sacerdote con el que me confieso, ni con el amigo que tengo y al que le cuento mis cosas, porque quiero, ni tan siquiera con mi conciencia.
Para mí, esas prácticas de piedad suponen, cada una de ellas, un encuentro personal e íntimo con el Señor. Se que le viene muy bien a mi alma y se que sin rezar la estaría “matando” de hambre. Por eso al llegar por la noche y hacer ese pequeño examen de conciencia, lo que miro no es si las hice, sino qué cariño y atención puse en ellas. Si no las hice, saber buscar objetivamente el por qué de esa omisión. Para ello acudo a mi ángel de la guarda para que me ayude a ser sincero conmigo mismo. Sin duda, no todos los días son iguales, pero se que el día siguiente supondrá un nuevo reto y dependerá de mi, una vez más.
Una de las excusas que hay para ir dejándolas aparcadas es la falta de tiempo. He dicho excusa, sí. También es verdad que alguna jornada se pueda torcer todo y de al traste con nuestra agenda tan organizada. Pero tenemos la suerte que, y más si estamos en gracia de Dios, la oración la podemos hacer en cualquier lugar, que nada nos impide llevar un libro –los hay de bolsillo- y poder leerlo en el autobús, en el metro o ¿tan siquiera diez minutos en cualquier sitio? La experiencia me dice que quien quiere puede, me lo he demostrado a mi mismo en otras actividades de mi vida, en otros momentos de la misma, muy distintos a los que vivo actualmente.
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