Gente corriente, a pie de pista

Enero 17, 2008 at 9:53 am | In Aficiones, Familia, Mis charcos, Mons. Javier Echevarría, Normas de piedad, Opus Dei, Opusdei, Prelado, Santuario de Torreciudad, Torreciudad | 11 Comments

Hoy hace un mes que no actualizado este blog, ¡ya me vale!. Algunos me habéis escrito para preguntarme si me pasaba algo, nada, sólo que no me organizo suficientemente bien y que el dejar las cosas para mañana suele acabar en para nunca o casi nunca. Así que… toca ladrillo.

En este tiempo han ocurrido bastantes cosas, buenas y menos buenas, nada que no pueda tener solución. Hasta unas palabras del Prelado del Opus Dei para mi durante estas Navidades, después que yo le escribiera transcurrido un tiempo de las Jornadas Marianas de la Familia en Torreciudad. Con agradecimiento y alegría las recibí, pues ni me lo esperaba, para que digan luego algunos amigos que la Obra no es una familia, hasta para los cooperadores -mi caso- saca tiempo el Padre.

Con el equipo, progresamos adecuadamente. Eso de entrenar a un grupo de mujeres supone un reto interesante y lleno de gratas sorpresas. Este sábado jugamos en Logroño, donde esperamos sacar algo positivo. El día 1 de febrero jugamos lo que sería la Copa de la Reina pero que se llama Copa de España, por esas historias burocráticas o no se qué.

Según iba conociendo a cada jugadora y viéndolas entrenar, observando su calidad, su carácter, lo primero que me sorprendió era cómo, con la técnica que tenían, podían estar en esa situación en la clasificación. Cuando un equipo entra en la dinámica de perder el peligro es el acostumbrarse a ello. Consideraba también cómo era posible haber llegado a ciertos hábitos de juego, para nada positivos, y la actitud ante el error era bajar los brazos y no pelear la recuperación del balón.

Pues bien, todo eso lo trasladaba a mi vida y el cómo de un día para otro uno no deja de hacer las cosas por que sí, que de un día para otro a uno no le entra una crisis. Todo tiene una raíz y lo que tengo que hacer, siempre tendré que hacerlo, es saber encontrar el origen de algunos comportamientos: comodidad, pereza, para mañana, desde mañana, eso no tiene tanta importancia, por un día no pasa nada, no me entienden, no me quieren (¿entiendo y quiero yo como querría que lo hicieran conmigo?)… Llegaba a la conclusión de la importancia del examen de conciencia, cada noche, con humildad y sinceridad, es un encuentro en el que estamos Dios, mi Ángel Custodio y el que suscribe ¿a quién quiero engañar? Sería del género tonto. Después de cada sesión de entrenamiento, después de cada partido, considero –lo intento por lo menos- todos los detalles, porque el éxito en la competición está en esos pequeños detalles, o que nos cuesta un gol o que metamos un gol.

Otra cosa, que no se me pase. El verano pasado me leí el Compendio del Catecismo, me llevé la agradable sorpresa de encontrar en ese documento que mi vida de piedad, la que he aprendido a vivir en el Opus Dei, está ahí reflejada. Que aspectos como la oración, la Misa, los Sacramentos, el apostolado, la santidad y tantos otros, es obligación de todo hijo de la Iglesia. A esos que se molestan porque haya personas, hombres y mujeres que se esfuerzan por amar a Dios, que quieran que cada vez sean más los que traten al Señor, le conozcan y vivan en gracia, pues no se qué decirles, que consideren sobre si mismos primero y luego que seguiré rezando por ellos para que se acerquen más a Dios. Porque una persona que no está cerca de Dios, no la veo capaz de faltar a la verdad, a la caridad y a la justicia.

Jornada Mariana de la Familia: en autobús-guardería

Septiembre 11, 2007 at 9:54 am | In Familia, Mons. Javier Echevarría, Opus Dei, Opusdei, Prelado, Santuario de Torreciudad, Torreciudad | 8 Comments

Ya tocaba actualizar el blog, tenía que haber sido ayer, pero en fin así ando con el tiempo. Este fin de semana estuve por Torreciudad, en la Jornada Mariana de la Familia, y fue sencillamente muy emotivo para mi.
La hora de partida estaba prevista para el viernes a las 4 de la tarde, como suele pasar salimos media hora más tarde, siempre hay que ir con margen para estos casos. Reconozco que un viaje así nunca lo había hecho, esta es la distribución: 34 pequeñajos y 22 adultos. El plan era dormir en Zaragoza para salir la mañana siguiente camino de Huesca.

Realizamos la clásica parada de mitad de camino, en medio una película de un coche -no el fantástico, pero parecido- y rezo del Rosario dirigido por Álvaro en los misterios y por Miguel las letanías. Los dos andan por los 11-12 años y en su piedad se nota que sus padres tienen mucho que ver. Después de la parada de repostaje, puesta en marcha y otra peli.

Al llegar a Zaragoza nos perdimos, no solo en Madrid hay obras y el GPS del conductor hizo catacrás. Llegada al hotel y a buscar el restaurante para cenar. Los padres se turnaban para controlar la cena de los peques, que trasteaban más que comían, algunos. Después paseo, heladito y a dormir.

Por la mañana lo habitual, te levantas, desayunas, visita al Pilar y salida, que es donde quiero ir. Aunque me quedé con las ganas de ver a mi amigo Dimas.

Hacía unos dieciocho años que no veía al Prelado del Opus Dei, al Padre (como se le llama en la Obra). Entonces el Padre era Don Álvaro del Portillo. Me había creado yo mismo expectativas para saber cómo reaccionaría. No veía al Padre desde que dejé de ser de la Obra.

¡Me emocioné! y no me importa escribirlo. Según se acercaba la hora de la Santa Misa, que el presidió, se generaba una ganas enormes de escucharle. Los primeros minutos de la homilía estuve casi llorando, no se si de alegría, intentaba que penetrase en mi cabeza y en mi corazón lo que decía, lo que me decía.

No voy por la vida con un retrovisor, mirando lo que voy dejando atrás, claro que no. No soy un nostálgico y lamentero -de lamentarme- de lo que hice en mi “fuga”, pero sí que ahora tengo una percepción, creo que más objetiva o simplemente otra distinta a entonces, de lo que es eso de para siempre, para siempre… no volver la vista atrás… quemar las naves… ¡ser santo!. El tiempo no está solo para cumplir años, también para aprender y recomenzar.

Ser del Opus Dei, no es como apuntarse a un club social, a pasar el tiempo y rellenar las horas del día, bien con prácticas de piedad o con actividades varias. Ser del Opus Dei es mucho más, primero es la respuesta generosa a Dios a su llamada personal -vocación- y después luchar por ser santo cada uno en su trabajo, en su lugar en el mundo. En sus quehaceres habituales de familia, trabajo y amigos. Como todo el mundo, como todos. Ahora, como dije, soy cooperador del Opus Dei.

Después de la Misa, todos a prepararse para comer, amenizado con gente buena con sus actuaciones, sobre todo musicales. Por la tarde, a las cuatro, había tertulia con el Padre.

Una vez terminada la comida, me fui al Santuario para hacer la visita al Santísimo -es una práctica de piedad muy buena y consiste en devolver a Jesús la visita que me hizo en la Eucaristía, es lo que hacen los amigos-. En el camino me encontré con dos viejos amigos, que casualmente durante este verano me han venido mucho a la cabeza. A uno hacía, al menos, doce años que no le veía, es un granadino que coincidí con él en las Escuelas Familiares Agrarias y ahora anda por La Coruña; el otro, pues más de veinte años sin verle, en julio pregunté por él a un amigo y me dijo que se había ordenado sacerdote y estaba por Barcelona, ¡qué alegría me llevé cuando se acercó a mi en el momento que me vio!. Dos alegrías más se añadieron al día.
Llevo mucho escribiendo, intentaré, así me lo propongo, mañana escribir más sobre esta Jornada. Pongo varias fotos de los viajantes. Si sigo escribiendo ahora mismo, es muy posible que sea indiscreto conmigo mismo, más de lo que ya he sido.

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