Un testimonio ejemplar

junio 15, 2007 a las 7:17 am | Escrito en David del Fresno, Sacramentos | 18 comentarios

Algunos recordarán a Pablo, es uno de los cuatro hijos de mi amigo David. Ayer surgió en la blogósfera un nuevo blog que será la prolongación de una revista familiar, en la que escriben todos: padres, madres, hijos… En el último número de esta revista aparece un artículo de mi amigo, en él cuenta la historia de su pequeño. Habla de unos padres valientes y audaces que antes de operar a su hijo, ante el peligro de la intervención, decidieron bautizarle. Dejaron descolocado a todo el hospital en plena madrugada.

Mientras David me envía una foto de Pablete, pongo este dibujo. Comienza el relato.

Todo parecía ir bien. Era lógico que llorara, pues acababa de nacer. El aspecto era bueno, pero la cara de las enfermeras denotaba cierta preocupación. La doctora pidió un ambú y le aplicó aire a presión. No era normal, y tampoco que hubiera ocho enfermeras calladas, mirando con seriedad.

— ¿Pasa algo?
— Pablo se va a tener que quedar en observación…
— ¿Pero… han visto algo raro?
— Digamos que no acaba de adaptarse a la vida exterior. Es algo normal tratándose de un prematuro, pero tiene un poquito baja la saturación…
— ¿Puede morir?
— Hombre, es pronto para pensar en eso… Pero mejor que se quede en neonatos. La saturación la tiene en 74, que es un poquito baja, y vamos a llevarle a observación y poner una CPAP, a ver si conseguimos que le suba un poquito… Usted no se preocupe.

Me volví y procuré parecer tranquilo, pero mi mujer advirtió algo. Acababa de dar a luz, y estaba agotada. Traté de tranquilizarla, y ella fingió que lo estaba para no preocuparme. Lo importante era encomendar.

Al cabo de dos días, el sonido del teléfono rasgó la fría madrugada.

— ¿Si?
—¿Es usted el padre de Pablo?
— Sí, sí, soy yo…
— Pablo ha empeorado y nos lo vamos a llevar a UCI…
— ¿Pero, qué es lo que le pasa?
— Le hemos detectado un neumotórax, y tiene una pequeña infección… Vamos a tener que intervenirlo.
— ¿Es grave?
— Tratándose de un niño tan pequeño no es lo mismo que con un adulto…
— ¿Puede morir?
— Siempre existe un cierto riesgo…
— Bien… Por favor, ¿podrían llamar al capellán de guardia? Quisiera bautizarlo antes de empezar.
— Sí, sí, no se preocupe, enseguida lo llamamos.
— Muchas gracias. Hasta luego.

“¡Padre… Padre, échame un cable!”, rogé a san Josemaría. Incluir un taco en una oración no era normal, pero era lo primero que me vino a la cabeza mientras me vestía a toda prisa. Me costaba hablar, y mi mujer me miró cubriéndose la cara con las manos.

— Si no viene el cura, lo bautizo yo. Reza a san Josemaría, a don Álvaro, a Montse, al doctor Ortiz de Landázuri, a Juan Pablo segundo… En fin. A todos, ¿eh?
— ¿Llevas las llaves y el móvil?
— Sí, sí, lo tengo todo en la mariconera.
— ¿Te llamo a un taxi? Son las dos de la mañana. ¿Llevas dinero?
— ¿Cómo no va a haber? Si hay una parada abajo. Dinero llevo.

No había ningún taxi. “¡…Padre, haz que venga uno!” Y no venían. Tras quince eternos minutos al fin vino uno.

— A la maternidad de O’Donnell.
— ¿Cogemos por aquí todo recto, o prefiere por Marqués de Corbera?
— Pues… por Marqués de Corbera mismamente.

Lo dije por decir, pues en realidad no sabía ni dónde estaba Marqués de Corbera.

Al entrar en la UCI Pablo tenía buen aspecto, y agarraba nervioso los tubitos que le ayudaban a seguir vivo.

— Buenas noches, padre. Cuando quiera.

Tras una breve ceremonia, el sacerdote abrió una ampolla de agua destilada y dejo caer tres gotas sobre la frente de Pablito, al tiempo que pronunciaba la fórmula del Bautismo: Pablo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Pablito acababa de ingresar en la Iglesia Católica.

Tras su Bautismo empezó la intervención. Me retiré al pasillo, a esperar, y me acomodé en una butaca con rajaduras de navaja; comencé una novena a San Josemaría, pero no llegué ni a acabar la primera estampa, porque el sueño me venció. Estuve durmiendo como un tronco hasta las cinco.

— ¿Qué tal ha ido todo?
— Muy bien… Le hemos estado buscando para decirle que le ha subido la saturación a noventa.
— ¿No está muy quieto?
— Sí, es normal. Antes el pobre se ve que no podía respirar bien, y por eso estaba intranquilo. Le hemos sacado una burbujita de aire, y ya parece que todo va mejor…
— Muy bien… ¡Pues muchas gracias!

Bajé a la capilla para dar gracias, y después me tomé un café con unas porras para celebrarlo. Después me marché a casa con una sensación de alegría indescriptible. Había sido una noche movidita.

Un testimonio ejemplar

junio 15, 2007 a las 7:17 am | Escrito en David del Fresno, Sacramentos | Deja un comentario

Algunos recordarán a Pablo, es uno de los cuatro hijos de mi amigo David. Ayer surgió en la blogósfera un nuevo blog que será la prolongación de una revista familiar, en la que escriben todos: padres, madres, hijos… En el último número de esta revista aparece un artículo de mi amigo, en él cuenta la historia de su pequeño. Habla de unos padres valientes y audaces que antes de operar a su hijo, ante el peligro de la intervención, decidieron bautizarle. Dejaron descolocado a todo el hospital en plena madrugada.

Mientras David me envía una foto de Pablete, pongo este dibujo. Comienza el relato.

Todo parecía ir bien. Era lógico que llorara, pues acababa de nacer. El aspecto era bueno, pero la cara de las enfermeras denotaba cierta preocupación. La doctora pidió un ambú y le aplicó aire a presión. No era normal, y tampoco que hubiera ocho enfermeras calladas, mirando con seriedad.

— ¿Pasa algo?
— Pablo se va a tener que quedar en observación…
— ¿Pero… han visto algo raro?
— Digamos que no acaba de adaptarse a la vida exterior. Es algo normal tratándose de un prematuro, pero tiene un poquito baja la saturación…
— ¿Puede morir?
— Hombre, es pronto para pensar en eso… Pero mejor que se quede en neonatos. La saturación la tiene en 74, que es un poquito baja, y vamos a llevarle a observación y poner una CPAP, a ver si conseguimos que le suba un poquito… Usted no se preocupe.

Me volví y procuré parecer tranquilo, pero mi mujer advirtió algo. Acababa de dar a luz, y estaba agotada. Traté de tranquilizarla, y ella fingió que lo estaba para no preocuparme. Lo importante era encomendar.

Al cabo de dos días, el sonido del teléfono rasgó la fría madrugada.

— ¿Si?
—¿Es usted el padre de Pablo?
— Sí, sí, soy yo…
— Pablo ha empeorado y nos lo vamos a llevar a UCI…
— ¿Pero, qué es lo que le pasa?
— Le hemos detectado un neumotórax, y tiene una pequeña infección… Vamos a tener que intervenirlo.
— ¿Es grave?
— Tratándose de un niño tan pequeño no es lo mismo que con un adulto…
— ¿Puede morir?
— Siempre existe un cierto riesgo…
— Bien… Por favor, ¿podrían llamar al capellán de guardia? Quisiera bautizarlo antes de empezar.
— Sí, sí, no se preocupe, enseguida lo llamamos.
— Muchas gracias. Hasta luego.

“¡Padre… Padre, échame un cable!”, rogé a san Josemaría. Incluir un taco en una oración no era normal, pero era lo primero que me vino a la cabeza mientras me vestía a toda prisa. Me costaba hablar, y mi mujer me miró cubriéndose la cara con las manos.

— Si no viene el cura, lo bautizo yo. Reza a san Josemaría, a don Álvaro, a Montse, al doctor Ortiz de Landázuri, a Juan Pablo segundo… En fin. A todos, ¿eh?
— ¿Llevas las llaves y el móvil?
— Sí, sí, lo tengo todo en la mariconera.
— ¿Te llamo a un taxi? Son las dos de la mañana. ¿Llevas dinero?
— ¿Cómo no va a haber? Si hay una parada abajo. Dinero llevo.

No había ningún taxi. “¡…Padre, haz que venga uno!” Y no venían. Tras quince eternos minutos al fin vino uno.

— A la maternidad de O’Donnell.
— ¿Cogemos por aquí todo recto, o prefiere por Marqués de Corbera?
— Pues… por Marqués de Corbera mismamente.

Lo dije por decir, pues en realidad no sabía ni dónde estaba Marqués de Corbera.

Al entrar en la UCI Pablo tenía buen aspecto, y agarraba nervioso los tubitos que le ayudaban a seguir vivo.

— Buenas noches, padre. Cuando quiera.

Tras una breve ceremonia, el sacerdote abrió una ampolla de agua destilada y dejo caer tres gotas sobre la frente de Pablito, al tiempo que pronunciaba la fórmula del Bautismo: Pablo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Pablito acababa de ingresar en la Iglesia Católica.

Tras su Bautismo empezó la intervención. Me retiré al pasillo, a esperar, y me acomodé en una butaca con rajaduras de navaja; comencé una novena a San Josemaría, pero no llegué ni a acabar la primera estampa, porque el sueño me venció. Estuve durmiendo como un tronco hasta las cinco.

— ¿Qué tal ha ido todo?
— Muy bien… Le hemos estado buscando para decirle que le ha subido la saturación a noventa.
— ¿No está muy quieto?
— Sí, es normal. Antes el pobre se ve que no podía respirar bien, y por eso estaba intranquilo. Le hemos sacado una burbujita de aire, y ya parece que todo va mejor…
— Muy bien… ¡Pues muchas gracias!

Bajé a la capilla para dar gracias, y después me tomé un café con unas porras para celebrarlo. Después me marché a casa con una sensación de alegría indescriptible. Había sido una noche movidita.

Una noche movidita

junio 15, 2007 a las 6:51 am | Escrito en Audacia, Sacramentos | Deja un comentario

Todo parecía ir bien. Era lógico que llorara, pues acababa de nacer. El aspecto era bueno, pero la cara de las enfermeras denotaba cierta preocupación. La doctora pidió un ambú y le aplicó aire a presión. No era normal, y tampoco que hubiera ocho enfermeras calladas, mirando con seriedad.

— ¿Pasa algo?
— Pablo se va a tener que quedar en observación…
— ¿Pero… han visto algo raro?
— Digamos que no acaba de adaptarse a la vida exterior. Es algo normal tratándose de un prematuro, pero tiene un poquito baja la saturación…
— ¿Puede morir?
— Hombre, es pronto para pensar en eso… Pero mejor que se quede en neonatos. La saturación la tiene en 74, que es un poquito baja, y vamos a llevarle a observación y poner una CPAP, a ver si conseguimos que le suba un poquito… Usted no se preocupe.

Me volví y procuré parecer tranquilo, pero mi mujer advirtió algo. Acababa de dar a luz, y estaba agotada. Traté de tranquilizarla, y ella fingió que lo estaba para no preocuparme. Lo importante era encomendar.

Al cabo de dos días, el sonido del teléfono rasgó la fría madrugada.

— ¿Si?
—¿Es usted el padre de Pablo?
— Sí, sí, soy yo…
— Pablo ha empeorado y nos lo vamos a llevar a UCI
— ¿Pero, qué es lo que le pasa?
— Le hemos detectado un neumotórax, y tiene una pequeña infección… Vamos a tener que intervenirlo.
— ¿Es grave?
— Tratándose de un niño tan pequeño no es lo mismo que con un adulto…
— ¿Puede morir?
— Siempre existe un cierto riesgo…
— Bien… Por favor, ¿podrían llamar al capellán de guardia? Quisiera bautizarlo antes de empezar.
— Sí, sí, no se preocupe, enseguida lo llamamos.
— Muchas gracias. Hasta luego.

“¡Padre… Padre, échame un cable!”, rogué a san Josemaría. Incluir un taco en una oración no era normal, pero era lo primero que me vino a la cabeza mientras me vestía a toda prisa. Me costaba hablar, y mi mujer me miró cubriéndose la cara con las manos.

— Si no viene el cura, lo bautizo yo. Reza a san Josemaría, a don Álvaro, a Montse, al doctor Ortiz de Landázuri, a Juan Pablo II… En fin. A todos, ¿eh?
— ¿Llevas las llaves y el móvil?
— Sí, sí, lo tengo todo en la mariconera.
— ¿Te llamo a un taxi? Son las dos de la mañana. ¿Llevas dinero?
— ¿Cómo no va a haber? Si hay una parada abajo. Dinero llevo.

No había ningún taxi. “¡…Padre, haz que venga uno!” Y no venían. Tras quince eternos minutos al fin vino uno.

— A la maternidad de O’Donnell.
— ¿Cogemos por aquí todo recto, o prefiere por Marqués de Corbera?
— Pues… por Marqués de Corbera mismamente.

Lo dije por decir, pues en realidad no sabía ni dónde estaba Marqués de Corbera.

Al entrar en la UCI Pablo tenía buen aspecto, y agarraba nervioso los tubitos que le ayudaban a seguir vivo.

— Buenas noches, padre. Cuando quiera.

Tras una breve ceremonia, el sacerdote abrió una ampolla de agua destilada y dejo caer tres gotas sobre la frente de Pablito, al tiempo que pronunciaba la fórmula del Bautismo: Pablo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Pablito acababa de ingresar en la Iglesia Católica.

Tras su Bautismo empezó la intervención. Me retiré al pasillo, a esperar, y me acomodé en una butaca con rajaduras de navaja; comencé una novena a San Josemaría, pero no llegué ni a acabar la primera estampa, porque el sueño me venció. Estuve durmiendo como un tronco hasta las cinco.

— ¿Qué tal ha ido todo?
— Muy bien… Le hemos estado buscando para decirle que le ha subido la saturación a noventa.
— ¿No está muy quieto?
— Sí, es normal. Antes el pobre se ve que no podía respirar bien, y por eso estaba intranquilo. Le hemos sacado una burbujita de aire, y ya parece que todo va mejor…
— Muy bien… ¡Pues muchas gracias!

Bajé a la capilla para dar gracias, y después me tomé un café con unas porras para celebrarlo. Después me marché a casa con una sensación de alegría indescriptible. Había sido una noche movidita.

David del Fresno

No solo el cielo nos contempla

junio 7, 2007 a las 8:19 am | Escrito en Cajón de sastre, Sacramentos | Deja un comentario

(Como ejemplo del título de este post, esta fotografía del blog de un amigo en la que desde detrás de una ventana alguien está siendo observado).

Hoy he leído esta anécdota en la introducción en una carta sobre la Eucaristía, escrita por el Prelado del Opus Dei hace un tiempo:

Así lo refleja una anécdota que tuvo lugar hace ya varios años:

José y Adolfo eran buenos amigos, y como es lógico hablaban a menudo de Dios y de religión. José era católico, Adolfo protestante. En esas conversaciones el principal motivo de divergencia era la Eucaristía: Adolfo no creía en la presencia real de Jesucristo.

Un buen día Adolfo animado por José asistió a unas charlas que daba un sacerdote católico con motivo de la fiesta del Corpus Christi. Faltaba un día para terminar la novena, cuando surgió la sorpresa:

- Quiero hacerme católico…

- ¡…!

- Esas charlas me han ayudado mucho; el sacerdote se explicaba bien; se notaba que conocía y vivía el tema. En especial me impresionó verle celebrar la Misa con pausa, cuidado, piedad… Pero una duda me asaltaba: quería saber si de verdad los católicos creéis en la Eucaristía cuando nadie os mira. Ayer dejé que fueras sólo a Misa y te observé sin que lo notaras. He visto tus genuflexiones profundas, devotas, la atención que ponías en la Consagración,… He visto y creo. Quiero hacerme católico.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (punto 864): Pero es siempre la caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, “que es como el alma de todo apostolado”. Nuestra “vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado” (Catecismo 863).

En ocasiones no sabemos armonizar caridad y cariño, ponemos caridad pero no damos cariño. En una sociedad en la que lo que más interesa al mundo, parece ser, son los trapos sucios de los demás, hablar mal de ellos, podemos caer en los mismos errores. No somos nadie para juzgar a las personas, debemos tratar como queramos ser tratados. Tenemos que saber “perder” el tiempo con los que están a nuestro alrededor, que se sientan importantes, y escuchados, en los momentos que están con nosotros.

Perdonar es un regalo, Dios nos lo da en cada confesión, nosotros ¿lo hacemos con los demás? Comprensión, cariño, tiempo, atención, dedicación … en la medida que sepamos darlo a los demás, es posible que estemos poniéndola más cerca de Dios. No somos infalibles y siempre habrá que dar oportunidades a las personas para que recomiencen.

Nuestra palabra y nuestro ejemplo pueden hacer mucho más de lo que imaginamos. Ahí está la anécdota mencionada. No solo el cielo nos contempla, también los que nos rodean y estos, como en el cielo, esperan lo mejor de nosotros. ¡¡¡Si nos conociéramos de verdad!!!, no abriríamos a veces la boca.

No solo el cielo nos contempla

junio 7, 2007 a las 8:19 am | Escrito en Cajón de sastre, Sacramentos | 11 comentarios

(Como ejemplo del título de este post, esta fotografía del blog de un amigo en la que desde detrás de una ventana alguien está siendo observado).

Hoy he leído esta anécdota en la introducción en una carta sobre la Eucaristía, escrita por el Prelado del Opus Dei hace un tiempo:

Así lo refleja una anécdota que tuvo lugar hace ya varios años:

José y Adolfo eran buenos amigos, y como es lógico hablaban a menudo de Dios y de religión. José era católico, Adolfo protestante. En esas conversaciones el principal motivo de divergencia era la Eucaristía: Adolfo no creía en la presencia real de Jesucristo.

Un buen día Adolfo animado por José asistió a unas charlas que daba un sacerdote católico con motivo de la fiesta del Corpus Christi. Faltaba un día para terminar la novena, cuando surgió la sorpresa:

- Quiero hacerme católico…

- ¡…!

- Esas charlas me han ayudado mucho; el sacerdote se explicaba bien; se notaba que conocía y vivía el tema. En especial me impresionó verle celebrar la Misa con pausa, cuidado, piedad… Pero una duda me asaltaba: quería saber si de verdad los católicos creéis en la Eucaristía cuando nadie os mira. Ayer dejé que fueras sólo a Misa y te observé sin que lo notaras. He visto tus genuflexiones profundas, devotas, la atención que ponías en la Consagración,… He visto y creo. Quiero hacerme católico.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (punto 864): Pero es siempre la caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, “que es como el alma de todo apostolado”. Nuestra “vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado” (Catecismo 863).

En ocasiones no sabemos armonizar caridad y cariño, ponemos caridad pero no damos cariño. En una sociedad en la que lo que más interesa al mundo, parece ser, son los trapos sucios de los demás, hablar mal de ellos, podemos caer en los mismos errores. No somos nadie para juzgar a las personas, debemos tratar como queramos ser tratados. Tenemos que saber “perder” el tiempo con los que están a nuestro alrededor, que se sientan importantes, y escuchados, en los momentos que están con nosotros.

Perdonar es un regalo, Dios nos lo da en cada confesión, nosotros ¿lo hacemos con los demás? Comprensión, cariño, tiempo, atención, dedicación … en la medida que sepamos darlo a los demás, es posible que estemos poniéndola más cerca de Dios. No somos infalibles y siempre habrá que dar oportunidades a las personas para que recomiencen.

Nuestra palabra y nuestro ejemplo pueden hacer mucho más de lo que imaginamos. Ahí está la anécdota mencionada. No solo el cielo nos contempla, también los que nos rodean y estos, como en el cielo, esperan lo mejor de nosotros. ¡¡¡Si nos conociéramos de verdad!!!, no abriríamos a veces la boca.

No solo el cielo nos contempla

junio 7, 2007 a las 8:19 am | Escrito en Cajón de sastre, Sacramentos | Deja un comentario

(Como ejemplo del título de este post, esta fotografía del blog de un amigo en la que desde detrás de una ventana alguien está siendo observado).

Hoy he leído esta anécdota en la introducción en una carta sobre la Eucaristía, escrita por el Prelado del Opus Dei hace un tiempo:

Así lo refleja una anécdota que tuvo lugar hace ya varios años:

José y Adolfo eran buenos amigos, y como es lógico hablaban a menudo de Dios y de religión. José era católico, Adolfo protestante. En esas conversaciones el principal motivo de divergencia era la Eucaristía: Adolfo no creía en la presencia real de Jesucristo.

Un buen día Adolfo animado por José asistió a unas charlas que daba un sacerdote católico con motivo de la fiesta del Corpus Christi. Faltaba un día para terminar la novena, cuando surgió la sorpresa:

- Quiero hacerme católico…

- ¡…!

- Esas charlas me han ayudado mucho; el sacerdote se explicaba bien; se notaba que conocía y vivía el tema. En especial me impresionó verle celebrar la Misa con pausa, cuidado, piedad… Pero una duda me asaltaba: quería saber si de verdad los católicos creéis en la Eucaristía cuando nadie os mira. Ayer dejé que fueras sólo a Misa y te observé sin que lo notaras. He visto tus genuflexiones profundas, devotas, la atención que ponías en la Consagración,… He visto y creo. Quiero hacerme católico.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (punto 864): Pero es siempre la caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, “que es como el alma de todo apostolado”. Nuestra “vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado” (Catecismo 863).

En ocasiones no sabemos armonizar caridad y cariño, ponemos caridad pero no damos cariño. En una sociedad en la que lo que más interesa al mundo, parece ser, son los trapos sucios de los demás, hablar mal de ellos, podemos caer en los mismos errores. No somos nadie para juzgar a las personas, debemos tratar como queramos ser tratados. Tenemos que saber “perder” el tiempo con los que están a nuestro alrededor, que se sientan importantes, y escuchados, en los momentos que están con nosotros.

Perdonar es un regalo, Dios nos lo da en cada confesión, nosotros ¿lo hacemos con los demás? Comprensión, cariño, tiempo, atención, dedicación … en la medida que sepamos darlo a los demás, es posible que estemos poniéndola más cerca de Dios. No somos infalibles y siempre habrá que dar oportunidades a las personas para que recomiencen.

Nuestra palabra y nuestro ejemplo pueden hacer mucho más de lo que imaginamos. Ahí está la anécdota mencionada. No solo el cielo nos contempla, también los que nos rodean y estos, como en el cielo, esperan lo mejor de nosotros. ¡¡¡Si nos conociéramos de verdad!!!, no abriríamos a veces la boca.

Termina la semana, pero queda hoy todavía

abril 13, 2007 a las 9:01 am | Escrito en Juan Pablo II, Mis charcos, Opus Dei, Sacramentos | 3 comentarios

Esta semana ha transcurrido relativamente rápida y ayer tarde totalmente pasada por agua. Las ideas me vienen según estoy delante de la pantalla, casi sin mirar el teclado, dejando que lo que me viene a la cabeza, las manos lo traduzcan a palabras (luego repasaré lo que pongo). Hay varias ideas, cosas de las que hablar. Últimamente me han ocurrido cosas buenas, de las que tengo que disfrutar y dar gracias. De las menos buenas, buscar soluciones.
El viernes es un día que me gusta, no porque signifique el fin de la semana laboral o el comienzo de dos días de descanso. Las tardes de estos días suelo utilizarlas para quedar con amigos. Todos tenemos más tiempo estas tardes, estamos más tranquilos y vemos las cosas, aunque no siempre, desde otro punto de vista. Aunque para algunos, pienso en concreto en dos amigos, comienza un fin de semana de trabajo en un pueblecito a 63 kilómetros de Madrid.
Hoy quiero hablar de un Sacramento: la Eucaristía. He aprendido en el Opus Dei que lo mejor es siempre para el Señor, no sólo en cuanto a cosas materiales, sino también en lo que se refiere a nuestro tiempo y a nuestra entrega. El amor a la Misa, el cuidado al culto y a la liturgia, es importante en nuestra vida. A continuación transcribo unas frases de Juan Pablo II (la parte entre comillas), refiriéndose al clero y extraídas de una carta del Prelado del Opus Dei “Te adoro Dios escondido”:
“Un sacerdote vale cuanto vale su vida eucarística, especialmente su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril. Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoción eucarística descuidada, o poco amada, sacerdocio en peligro y en vías de difuminación. Estas palabras dirigidas a los presbíteros son igualmente aplicables a cada cristiano, pues cualquiera que desee avanzar a buen paso en el camino de la santidad ha de cuidar el trato con Dios en ese Sacramento donde está el Señor a quien se desea amar. Añade Mons. Javier Echevarría.
Siempre que puedo, que suele ir acompañado del siempre que quiero, hago un rato de oración por la mañana, antes de Misa, y otro por la tarde. Este último es el que más saltos da en mi agenda y últimamente me he propuesto hacerla siempre que pueda, siempre que quiera, delante del Señor en el sagrario.
¡Sé alma de Eucaristía! —Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!. (Forja, punto 835). No me salen palabras para comentar, sólo materia para hacer oración.
Ayer estuve hablando con un amigo sobre un montón de cosas. La falta de paz de una persona lleva consigo la pérdida de objetividad para afrontar ciertas situaciones. Lamentablemente en esto tengo cierta experiencia. Lo mejor es desahogarse en los sitios adecuados y hablar claro, sinceros con nosotros mismos primero, no echando la culpa al de al lado. Además de tener nosotros los Sacramentos de la confesión y la Eucaristía, tenemos otro remedio, “el secreto”, que es necesario como el comer o beber agua: la oración.

Pienso que os ayudarán los siguientes enlaces:

Llenar el mundo con oración. Un vídeo en el que Mons. Javier Echevarría hablaba en Santa Cruz de Tenerife de cómo convertir todo el día en oración.

Exhortación apostólica postsinodal SACRAMENTUM CARITATIS. Del Santo Padre Benedicto XVI.
ECCLESIA DE EUCHARISTIA. Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia, Encíclica de Juan Pablo II.
Resultado de la búsqueda con la palabra Eucaristía de los escritos de San Josemaría.
Mañana juega mi equipo, primero contra segundo, nos va el primer puesto de cara a los play-off de ascenso. El rival es un conjunto gallego, de Pontevedra exactamente. Si estáis en Madrid, invitados quedáis.

Termina la semana, pero queda hoy todavía

abril 13, 2007 a las 9:01 am | Escrito en Juan Pablo II, Mis charcos, Opus Dei, Sacramentos | 3 comentarios

Esta semana ha transcurrido relativamente rápida y ayer tarde totalmente pasada por agua. Las ideas me vienen según estoy delante de la pantalla, casi sin mirar el teclado, dejando que lo que me viene a la cabeza, las manos lo traduzcan a palabras (luego repasaré lo que pongo). Hay varias ideas, cosas de las que hablar. Últimamente me han ocurrido cosas buenas, de las que tengo que disfrutar y dar gracias. De las menos buenas, buscar soluciones.
El viernes es un día que me gusta, no porque signifique el fin de la semana laboral o el comienzo de dos días de descanso. Las tardes de estos días suelo utilizarlas para quedar con amigos. Todos tenemos más tiempo estas tardes, estamos más tranquilos y vemos las cosas, aunque no siempre, desde otro punto de vista. Aunque para algunos, pienso en concreto en dos amigos, comienza un fin de semana de trabajo en un pueblecito a 63 kilómetros de Madrid.
Hoy quiero hablar de un Sacramento: la Eucaristía. He aprendido en el Opus Dei que lo mejor es siempre para el Señor, no sólo en cuanto a cosas materiales, sino también en lo que se refiere a nuestro tiempo y a nuestra entrega. El amor a la Misa, el cuidado al culto y a la liturgia, es importante en nuestra vida. A continuación transcribo unas frases de Juan Pablo II (la parte entre comillas), refiriéndose al clero y extraídas de una carta del Prelado del Opus Dei “Te adoro Dios escondido”:
“Un sacerdote vale cuanto vale su vida eucarística, especialmente su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril. Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoción eucarística descuidada, o poco amada, sacerdocio en peligro y en vías de difuminación. Estas palabras dirigidas a los presbíteros son igualmente aplicables a cada cristiano, pues cualquiera que desee avanzar a buen paso en el camino de la santidad ha de cuidar el trato con Dios en ese Sacramento donde está el Señor a quien se desea amar. Añade Mons. Javier Echevarría.
Siempre que puedo, que suele ir acompañado del siempre que quiero, hago un rato de oración por la mañana, antes de Misa, y otro por la tarde. Este último es el que más saltos da en mi agenda y últimamente me he propuesto hacerla siempre que pueda, siempre que quiera, delante del Señor en el sagrario.
¡Sé alma de Eucaristía! —Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!. (Forja, punto 835). No me salen palabras para comentar, sólo materia para hacer oración.
Ayer estuve hablando con un amigo sobre un montón de cosas. La falta de paz de una persona lleva consigo la pérdida de objetividad para afrontar ciertas situaciones. Lamentablemente en esto tengo cierta experiencia. Lo mejor es desahogarse en los sitios adecuados y hablar claro, sinceros con nosotros mismos primero, no echando la culpa al de al lado. Además de tener nosotros los Sacramentos de la confesión y la Eucaristía, tenemos otro remedio, “el secreto”, que es necesario como el comer o beber agua: la oración.

Pienso que os ayudarán los siguientes enlaces:

Llenar el mundo con oración. Un vídeo en el que Mons. Javier Echevarría hablaba en Santa Cruz de Tenerife de cómo convertir todo el día en oración.

Exhortación apostólica postsinodal SACRAMENTUM CARITATIS. Del Santo Padre Benedicto XVI.
ECCLESIA DE EUCHARISTIA. Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia, Encíclica de Juan Pablo II.
Resultado de la búsqueda con la palabra Eucaristía de los escritos de San Josemaría.
Mañana juega mi equipo, primero contra segundo, nos va el primer puesto de cara a los play-off de ascenso. El rival es un conjunto gallego, de Pontevedra exactamente. Si estáis en Madrid, invitados quedáis.

Termina la semana, pero queda hoy todavía

abril 13, 2007 a las 9:01 am | Escrito en Juan Pablo II, Mis charcos, Opus Dei, Sacramentos | Deja un comentario

Esta semana ha transcurrido relativamente rápida y ayer tarde totalmente pasada por agua. Las ideas me vienen según estoy delante de la pantalla, casi sin mirar el teclado, dejando que lo que me viene a la cabeza, las manos lo traduzcan a palabras (luego repasaré lo que pongo). Hay varias ideas, cosas de las que hablar. Últimamente me han ocurrido cosas buenas, de las que tengo que disfrutar y dar gracias. De las menos buenas, buscar soluciones.
El viernes es un día que me gusta, no porque signifique el fin de la semana laboral o el comienzo de dos días de descanso. Las tardes de estos días suelo utilizarlas para quedar con amigos. Todos tenemos más tiempo estas tardes, estamos más tranquilos y vemos las cosas, aunque no siempre, desde otro punto de vista. Aunque para algunos, pienso en concreto en dos amigos, comienza un fin de semana de trabajo en un pueblecito a 63 kilómetros de Madrid.
Hoy quiero hablar de un Sacramento: la Eucaristía. He aprendido en el Opus Dei que lo mejor es siempre para el Señor, no sólo en cuanto a cosas materiales, sino también en lo que se refiere a nuestro tiempo y a nuestra entrega. El amor a la Misa, el cuidado al culto y a la liturgia, es importante en nuestra vida. A continuación transcribo unas frases de Juan Pablo II (la parte entre comillas), refiriéndose al clero y extraídas de una carta del Prelado del Opus Dei “Te adoro Dios escondido”:
“Un sacerdote vale cuanto vale su vida eucarística, especialmente su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril. Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoción eucarística descuidada, o poco amada, sacerdocio en peligro y en vías de difuminación. Estas palabras dirigidas a los presbíteros son igualmente aplicables a cada cristiano, pues cualquiera que desee avanzar a buen paso en el camino de la santidad ha de cuidar el trato con Dios en ese Sacramento donde está el Señor a quien se desea amar. Añade Mons. Javier Echevarría.
Siempre que puedo, que suele ir acompañado del siempre que quiero, hago un rato de oración por la mañana, antes de Misa, y otro por la tarde. Este último es el que más saltos da en mi agenda y últimamente me he propuesto hacerla siempre que pueda, siempre que quiera, delante del Señor en el sagrario.
¡Sé alma de Eucaristía! —Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!. (Forja, punto 835). No me salen palabras para comentar, sólo materia para hacer oración.
Ayer estuve hablando con un amigo sobre un montón de cosas. La falta de paz de una persona lleva consigo la pérdida de objetividad para afrontar ciertas situaciones. Lamentablemente en esto tengo cierta experiencia. Lo mejor es desahogarse en los sitios adecuados y hablar claro, sinceros con nosotros mismos primero, no echando la culpa al de al lado. Además de tener nosotros los Sacramentos de la confesión y la Eucaristía, tenemos otro remedio, “el secreto”, que es necesario como el comer o beber agua: la oración.

Pienso que os ayudarán los siguientes enlaces:

Llenar el mundo con oración. Un vídeo en el que Mons. Javier Echevarría hablaba en Santa Cruz de Tenerife de cómo convertir todo el día en oración.

Exhortación apostólica postsinodal SACRAMENTUM CARITATIS. Del Santo Padre Benedicto XVI.
ECCLESIA DE EUCHARISTIA. Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia, Encíclica de Juan Pablo II.
Resultado de la búsqueda con la palabra Eucaristía de los escritos de San Josemaría.
Mañana juega mi equipo, primero contra segundo, nos va el primer puesto de cara a los play-off de ascenso. El rival es un conjunto gallego, de Pontevedra exactamente. Si estáis en Madrid, invitados quedáis.

Varias noticias

marzo 21, 2007 a las 2:51 pm | Escrito en Opus Dei, Sacramentos | 1 comentario

Fuente: Almudí.

Fuente: web Opus Dei.

Libres para construir el futuro. Ser libres no es sólo un derecho: comporta una responsabilidad, que debe llevar a los cristianos a implicarse en las cuestiones de la sociedad, contribuyendo con soluciones plurales a los problemas de cada época. Publicamos un artículo sobre la libertad y la responsabilidad social del cristiano.

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