Sigo con mis cosas

Septiembre 25, 2007 at 9:32 am | In Anti Opus, Cajón de sastre, Ex-Opus Dei, Exopus, Normas de piedad, Opus Dei, Opusdei, Oración, antiopus | 18 Comments

Se que últimamente los post de este blog están cambiando de rumbo. He decidido que en lugar de andar abriendo nuevos por qué no utilizar el que tengo. Por este motivo, si alguien quisiera leer otras cosas recomiendo cualquiera de los blogs amigos de la columna de la derecha (espero no volver a cambiarlos de lugar). Sugiero al Pianista, a una chica de Bilbao, a un aventurero de la abogacía, a uno que no le gusta el fútbol, a mi locutora favorita, navegar en el mar, a mi amiga chilena en Alemania y sus innumerables blogs, a mi amigo Dimas -espero que por fin nos podamos ver-, a un catalán por Cantabria, al lobo feroz que quiere cambiar el mundo, a una que lleva botas y a Benita (jajaja, ya sabes) que da gusto leer. Podía haber puesto los enlaces de todos los blogs, no quiero dejar a nadie, pero estos son a los que rindo homenaje. Ahí escribo.

El motivo que hizo que parte de mi tiempo lo dedicara a esto de internet fue el descubrimiento de una web en la que se hablaba del Opus Dei. Durante unos días me dediqué a leer casi todos sus artículos. En ellos se contaban, se cuentan, situaciones muy diversas, experiencias que no dejan indiferente al que las lee. A mí me provocó mirar hacia dentro primero y hacia delante después.Es cierto que en nuestra vida nos encontramos con personas de todo tipo, que nos caen mejor o peor, que son más o menos simpáticas, más o menos amables… No hace falta que pertenezcan a una institución de la Iglesia para ponerla una etiqueta por el comportamiento de sus individuos. Lo mismo que pensamos de los demás, pueden hacerlo de nosotros. Y no nos damos cuenta.

Hoy me gustaría hablar de las normas de piedad. Algunos podrán considerarlas como prácticas obligatorias para que, al llegar la noche en la hora del examen, uno pueda quedarse “tranquilo” de haber “cumplido” con su piedad.

Si una cosa he descubierto en este último tiempo, hace casi 18 años que no soy de la Obra, es que esas normas de piedad no suponen para mi un cumplir con nadie, ni con el sacerdote con el que me confieso, ni con el amigo que tengo y al que le cuento mis cosas, porque quiero, ni tan siquiera con mi conciencia.

Para mí, esas prácticas de piedad suponen, cada una de ellas, un encuentro personal e íntimo con el Señor. Se que le viene muy bien a mi alma y se que sin rezar la estaría “matando” de hambre. Por eso al llegar por la noche y hacer ese pequeño examen de conciencia, lo que miro no es si las hice, sino qué cariño y atención puse en ellas. Si no las hice, saber buscar objetivamente el por qué de esa omisión. Para ello acudo a mi ángel de la guarda para que me ayude a ser sincero conmigo mismo. Sin duda, no todos los días son iguales, pero se que el día siguiente supondrá un nuevo reto y dependerá de mi, una vez más.

Una de las excusas que hay para ir dejándolas aparcadas es la falta de tiempo. He dicho excusa, sí. También es verdad que alguna jornada se pueda torcer todo y de al traste con nuestra agenda tan organizada. Pero tenemos la suerte que, y más si estamos en gracia de Dios, la oración la podemos hacer en cualquier lugar, que nada nos impide llevar un libro –los hay de bolsillo- y poder leerlo en el autobús, en el metro o ¿tan siquiera diez minutos en cualquier sitio? La experiencia me dice que quien quiere puede, me lo he demostrado a mi mismo en otras actividades de mi vida, en otros momentos de la misma, muy distintos a los que vivo actualmente.

La oración omnipotente de los niños

Junio 15, 2007 at 7:45 am | In Familia, Oración | No Comments
El 24 de febrero de 2007, a los 89 años de edad, fallecía mi querida madre a causa de una metástasis general que le habían diagnosticado a primeros de mes en el Gregorio Marañón.
Al saber su gravedad, mi mujer y yo hicimos saber a nuestros hijos las dificultades que había para que mi madre pudiera recibir los últimos sacramentos, pues por su poca formación apenas frecuentaba la iglesia, salvo cuando se venía con nosotros de vacaciones. Nos pusimos de acuerdo los cuatro para comenzar una novena a san Josemaría, pidiéndole la gracia de la conversión para mi madre. Los niños, además de la novena solían ofrecer alguna pequeña mortificación por su “yaya”, pues así la llamábamos en familia, y cuando algo no les gustaba decían: “Por la yaya, para que se cure y se convierta.”
El día de su fallecimiento, a primera hora de la mañana, mi mujer pudo hablar con ella a solas y, sin más dudas, pidió ver a un sacerdote, el cual la administró los últimos sacramentos sobre las 18,30. Aquella fue una tarde especial, pues los nietos y biznietos de mi madre la fueron dando un beso de despedida. Mi hijo mayor, Álvaro, se encontraba de cumpleaños en un club, y sobre las 19,30 le recogí para que pudiera despedirse de su abuela, pensando que no la quedaba mucho tiempo. De camino hacia casa le propuse rezar una parte del rosario por la “yaya”, y le explique que la habían administrado la Unción de Enfermos, y que lo ofrecíamos para que la Virgen se la llevara en sus brazos. Se le saltaron las lágrimas, y al llegar a casa fue corriendo a decirla lo mucho que la quería, a lo que su abuela le correspondió con un beso. Eran aproximadamente las 20,15 y Álvaro fue el último nieto que se despidió de ella. Sobre las 9 de esa noche mi madre fallecía en compañía de sus hijos y con Álvaro rezando por ella muy cerca de donde se encontraba.
Dentro de la pena por la pérdida de mi madre me queda la alegría de ver con qué cariño rezan los niños por los seres queridos, y cómo consiguen arrancar al Cielo los mayores favores que nosotros no conseguimos por nuestra falta de fe.

Santos Monge

Más vale tarde … que nunca.

Marzo 7, 2007 at 3:14 pm | In El Papa, Oración | 4 Comments

(Esta foto es de Molinoviejo pabellón. La hice cuando estuve).

Los jueves suelo poner un enlace con la web del Vaticano en el que aparece el mensaje del Papa en la Audiencia General del día anterior. Este pasado fuí a ponerlo pero no estaba. Por la tarde estuve con un amigo y le comenté el asunto. Bueno, tendrán “problemas de línea”. El domingo por la mañana, escuchando la radio, oí el por qué, el Papa estaba unos días de retiro espiritual.

Hice el mío a principios de diciembre. Una vez al año viene muy bien realizar este parón y hacer examen. Solos con Dios (aunque alguna dispersión hacemos), cara a cara en el sagrario. Momentos para ser valientes y decirle a Jesús que sí y si lo que queremos es decir que no, el mejor lugar es ese, delante del sagrario, a Jesús ahí escondido, presente para nosotros.
Esos momentos de oración son como pedacitos del cielo en la tierra, buscar la intimidad con Dios para afrontar propósitos decididos y reales para avanzar en la vida interior. Si alguno es de Madrid y le cuesta ir, que me lo diga que le acompaño, pero yo voy de fin de semana, el mío está hecho.

El Papa y la Curia concluyen sus días de retiro espiritual (Fuente: Biblioteca Almudí).

Dios está interesado.

Febrero 12, 2007 at 11:12 am | In Oración | 2 Comments

¿Estamos tristes? Hay un problema entre nosotros y Dios. Esto más o menos viene a decir un punto en uno de los libros del fundador del Opus Dei. Como voy un poco mal de tiempo, dejo que tú busques.

Un buen remedio para esos momentos: la oración. Confianza y abandono en Dios, pero poniendo todos los medios humanos. No preocuparse: si tiene remedio porque lo tiene y si no lo tiene, pues ofrecerlo por un motivo bueno al Señor. Omnia in bonun!, que no significa que seamos masoquistas.

Aceptar las cosas con optimismo. Que vean en nuestra cara que somos hijos de Dios, es el primer interesado en nuestra felicidad y Él también desea que tengamos deseos de Él.

Oración

Febrero 9, 2007 at 9:38 am | In Oración | 2 Comments

De vez en cuando, durante el día, viene bien parar un rato. Si ese tiempo lo dedicamos para hablar con Dios pues mucho mejor. Si hacemos todos los días un ratito de oración iremos comprobando lo bien que le sienta a nuestra alma, y a nuestro cuerpo también.

Si hay algo que nos entristece, pues lo hablamos con el Señor y procuramos poner patas a los “problemas” para que se vayan. También, poco a poco, conseguiremos fortalecer nuestra voluntad, cada día nos iremos identificando más con el Señor. Recordemos lo que decía Santa Teresa, aquel que no hace oración no necesita demonio que le tiente. También leamos para conocer lo que dice sobre la oración para llegar a Jesús y sepamos aprovechar su estancia en cada sagrario convirtiéndonos en almas de Eucaristía.

Aprendamos a poner primero en nuestro día las primeras piedras, seamos generosos. Acudamos a María y a José, fijémonos en San Juan al pie de la Cruz junto a nuestra Madre. Haciendo oración estaremos más y mejor dispuestos para escuchar, atender y llevar a puerto lo que Dios espera de nosotros.

De san Josemaría podemos llevar a la oración el último capítulo de Amigos de Dios, que se titula Hacia la santidad y saquemos propósitos. Hoy el vínculo que pongo es del resultado que ha salido de poner la palabra oración en sus escritos. Cada día de la semana podemos dedicarlo para hablar sobre temas concretos con Dios, de todo lo que nos afecta: nuestra familia, amigos, trabajo, virtudes, piedad, … Todo es oración.

Por último otra recomendación. Un libro de San Alfonso María de Ligorio titulado El gran medio de la oración.

La oración es un diálogo con el Señor, la oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 534).

Dios aprieta … pero no ahoga

Febrero 5, 2007 at 12:40 pm | In Mis charcos, Oración | No Comments

En ocasiones queremos buscar en las prácticas de piedad parte de nuestros problemas (nos quita los minutos que podríamos dedicar a otras cosas y ¡total! … por un día) en una jornada llena de agobios y de falta de tiempo. Excusas, todo es cuestión de orden, de presencia de Dios y de humildad. Y aún así es muy posible que sigan nuestros “estreses”.

Primero lo importante. Es muy fácil, terminamos siendo unos auténticos expertos, ir dejando para después los asuntos referidos al alma. Comenzamos por un pequeño imprevisto, continúa con una omisión y finaliza con el olvido. La experiencia nos dice que en todo lo relacionado con la piedad no hay cosa pequeña, como no la hay en el cariño humano. Todo tiene su importancia, el amor se acrecienta día a día, el amor exige sacrifricio y olvido de uno mismo hacia el otro. El amor es cosa de dos y ya sabemos lo que hizo el Señor por nosotros.

En la actualidad estoy haciendo un rato de lectura espiritual con el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. El viernes pasado me alegró leer cómo se nos recomienda hacer, A TODOS, un rato de oración antes y después de comer (exactamente dice de la comida). Muchos tendríamos que conocer mejor lo que dice nuestro Catecismo y empaparnos verdaderamente de los medios que Cristo nos ha dado para llegar a Él y conocerle mejor. También me llamó la atención, ¡ya ves!, que hablaba de las distracciones en la oración y venía a decir que dónde están esas distracciones está nuestro corazón. ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Dónde está nuestro corazón?.

San José. Patrono de la Iglesia universal

Febrero 5, 2007 at 9:57 am | In Oración | 1 Comment

Ayer comenzaron los Siete domingos de San José. Modelo de silencio y humildad. Esposo de María, guardián fiel del Hijo de Dios, como reza la oración a él dedicada.

Que durante este tiempo se acreciente nuestra devoción a San José, nuestro padre y señor, como dice una de las muchas oraciones que se rezan para acudir a su intercesión al comenzar o al finalizar un rato de oración.

Referencias de escritos de san Josemaría Escrivá.

Los viernes

Enero 19, 2007 at 11:37 am | In Aficiones, Mis charcos, Opus Dei, Oración | 2 Comments

La pasada semana me dije que iba a poner una publicación fija los jueves haciendo referencia a lo mencionado por el Papa en la audiciencia general del miércoles. Hoy he pensado en otra. Todos los viernes pondré un punto de alguno de los escritos de san Josemaría, fundador del Opus Dei.

Hoy, siguiendo un poco lo que escribí el otro día sobre lo que ví en la tele, he pensado que el punto 128 de Surco puede ser bueno:

“Hoy no bastan mujeres u hombres buenos. Además, no es suficientemente bueno el que sólo se contenta con ser casi… bueno: es preciso ser “revolucionario”.

Ante el hedonismo, ante la carga pagana y materialista que nos ofrecen, Cristo quiere ¡anticonformistas!, ¡rebeldes de Amor!”.

He quedado a comer con dos amigos dentro de un rato. Uno fue portero de fútbol sala y el otro sigue siendo jugador al más alto nivel. Los tres coincidimos en el Club más laureado del mundo en nuestro deporte, a nivel nacional e internacional.

Los dos tienen cierta formación cristiana y unos grandes valores humanos. Son de los que van a Misa los domingos por tradición familiar. Siempre me he dicho que las personas necesitan saber qué es y a qué se va a Misa. Como ellos saben que yo voy también, seguro que sale el tema para hablar de ello.

Mañana juega mi equipo, esta vez contra un rival más fuerte que el de la semana pasada (ganamos 9-1 a los últimos) y además es derbi regional.

Feliz fin de semana para todos.

Semana de oración por la Unidad de los Cristianos

Enero 18, 2007 at 11:03 am | In El Papa, Iglesia, Oración | 1 Comment

La Semana de oración por la unidad de los cristianos (que comienza hoy y finaliza el próximo 25 de enero con la fiesta de la Conversión de San Pablo), fue el centro de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de ayer. Dejo bibliografía:
El ecumenismo de Benedicto XVI, en una artículo publicado en ACEPRENSA.
Una publicación del blog Alemania, Economía, Sociedad y Derecho, sobre una entrevista a Jutta Burggraf: el ecumenismo es cuestión de oración y caridad.

Argumentos objetivos o la forma de fabricar buenas excusas

Enero 5, 2007 at 6:44 am | In Oración | 1 Comment

Solemos atribuir al corazón casi todo aquello por lo que nos movemos a la hora de realizar nuestros actos. En la audiencia del pasado miércoles del Papa Benedicto XVI, hablándonos del Niño que está en el pesebre, nos dice “que lo acojamos en nuestros corazones, en nuestras casas y ciudades, como han hecho a lo largo de la historia tantos hombres y mujeres que, siguiendo el ejemplo de los pastores y de los Magos, pero sobre todo de María y José, han creído en el misterio de la Navidad, transformando su vida en fuente de luz y de esperanza”.

Dando vueltas a esto, me viene a la cabeza todo el tiempo perdido por mi parte en estos últimos años. En la Misa de mi parroquia del primer día del año, en la homilía, nos sugerían que pensáramos si añadíamos años a nuestra o vida a nuestros años. Se agolpa el tiempo que estuve apartado de Dios y la cantidad de historias que me sacaba de la manga para demorar mis compromisos con Él: estoy cansado; no me apetece; si por un día… ; si no lo hago no pasa nada porque no es pecado; luego me confieso y ¡solucionado!; prefiero dedicar mi tiempo a los demás; mañana; luego; … ¡¡nunca!!. La mejor excusa, la que ponemos cuando suena el despertador, ¡cómo cuesta! Y qué rápido funciona nuestra cabeza para proponernos un plan alternativo para no ponernos en pie. Estas luchas darían para escribir todos los días.

También, el miércoles por la tarde, leía un punto de SURCO, del fundador del Opus Dei, que lo he tomado como “eslogan” para mi lucha actual, para no caer en la mezquindad en el trato con Dios.

Todos nos decimos que queremos ser santos. Sabemos que no es un camino sencillo (en ocasiones se nos olvida y abandonamos), que hay cuestas, ¡pedazo de cuestas!, y que habrá tropiezos. Lo malo no es meter la pata, es dejarla metida. Tenemos que tener la capacidad de reconocer nuestros errores y confiar en Dios. Ayer, hablando con un amigo, me decía que un cristiano si no hace las cosas es porque no quiere, no porque no pueda, ¡si tenemos a Dios a nuestro lado y de nuestro lado!

Con Jesús tenemos que hacer lo mismo que con nuestros amigos: hablar. No le hace falta que le contemos las cosas, las conoce, pero “quiere conocerlas de primera mano”, de nosotros. Nos espera en cada Sagrario, ¡desde hace XXI siglos!, para escucharnos, Él siempre está y en ocasiones el banco lo dejamos vacío. Este medio que no aprovechamos suficientemente se llama oración, ya lo sabemos. Es, así pienso, uno de los mejores propósitos que he sacado últimamente, hacer todos los días un rato de oración. Me esfuerzo por ser constante a ese momento, sabiendo, como leí en el libro “Tiempo para Dios”, de Jacques Philippe, que la calidad será fruto de la fidelidad.

Santa Teresa de Ávila, decía, más o menos, que no necesita demonio que lo tiente aquel que no hace oración.

La Madre Teresa de Calcuta, manifestaba en la última entrevista que la hicieron, que en su Congregación rezan cuatro horas al día. Tampoco olvidamos como siempre se la veía con el Rosario en la mano. Cuánto aprenderían de esta santa muchos de aquellos que dicen que prefieren dedicar su tiempo, eso dicen que hacen (creo que se refieren a que lo harían), en lugar de dedicarlo a Dios. Expongo sólo la última pregunta y su respuesta:

—¿Qué mensaje le gustaría dejarnos?
—Teresa de Calcuta: Amaos los unos a los otros, como Jesús os ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz.

En el trato con Dios en la oración, iremos avanzando en vida interior y nos llevará a abandonarnos cada día más en Él. Lo llevaremos bastante mal como sólo confiemos en nuestras fuerzas.

Es la hora de ir fijando objetivos. Un rato de oración, en el mejor lugar y a la mejor hora, ¿no puedo? Pero si soy capaz de estar con un amigo en un bar una hora, hablando de cualquier cosa, ¿no seré capaz de sacar treinta minutos para hablar con el Señor? O diez, o quince o veinte, ¿ni cinco siquiera?. Será bueno que piense entonces en la cantidad de tiempo que paso en la televisión, leyendo, pasando el rato, ¡esa play!, ¿aprovecho bien el tiempo? Conclusión, organizarse (si cuidamos el orden, el orden nos cuidará a nosotros), colocar lo más importante primero en mi agenda y… a tirar de frente.

La teoría ya la conozco. Ahora, a meterme en la cabeza que la lucha es día a día, no “rajarme” si no me salen la cosas como me propongo… Y acudir más frecuentemente a la confesión. Mira tú, que buena manera de acoger a Jesús Niño, como nos dice el Papa. Ponerle un corazón donde pueda reinar y para no ponerme “colorao” ante Él, tengo que saber aprovechar los medios que me ha dejado: los Sacramentos.

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