Levantarse
marzo 23, 2009 a las 11:20 am | Escrito en Cajón de sastre, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de Javier
Levantarse
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Fotografía del blog de Javier
Levantarse
marzo 23, 2009 a las 11:20 am | Escrito en Cajón de sastre, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de Javier
Lo que nos distrae
septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de mi amigo Javier
Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.
El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.
Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.
Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.
Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.
Lo que nos distrae
septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | 4 comentarios
Fotografía del blog de mi amigo Javier
Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.
El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.
Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.
Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.
Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.
Lo que nos distrae
septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de mi amigo Javier
Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.
El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.
Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.
Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.
Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.
Folletos sobre: oración, vocación, verano, guión rosario, etc
junio 11, 2008 a las 10:37 am | Escrito en Confesión, Familia, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración, Virtudes, Vocación | Deja un comentario
Para comenzar y terminar un rato de oración.
Quince minutos con Jesús Sacramentado.
Folletos sobre: oración, vocación, verano, guión rosario, etc
junio 11, 2008 a las 10:37 am | Escrito en Confesión, Familia, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración, Virtudes, Vocación | 3 comentarios
Para comenzar y terminar un rato de oración.
Quince minutos con Jesús Sacramentado.
Folletos sobre: oración, vocación, verano, guión rosario, etc
junio 11, 2008 a las 10:37 am | Escrito en Confesión, Familia, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración, Virtudes, Vocación | Deja un comentario
Para comenzar y terminar un rato de oración.
Quince minutos con Jesús Sacramentado.
Sigo con mis cosas
septiembre 25, 2007 a las 9:32 am | Escrito en Cajón de sastre, Normas de piedad, Opus Dei, Opusdei, Oración | Deja un comentario
Se que últimamente los post de este blog están cambiando de rumbo. He decidido que en lugar de andar abriendo nuevos por qué no utilizar el que tengo. Por este motivo, si alguien quisiera leer otras cosas recomiendo cualquiera de los blogs amigos de la columna de la derecha (espero no volver a cambiarlos de lugar). Sugiero al Pianista, a una chica de Bilbao, a un aventurero de la abogacía, a uno que no le gusta el fútbol, a mi locutora favorita, navegar en el mar, a mi amiga chilena en Alemania y sus innumerables blogs, a mi amigo Dimas -espero que por fin nos podamos ver-, a un catalán por Cantabria, al lobo feroz que quiere cambiar el mundo, a una que lleva botas y a Benita (jajaja, ya sabes) que da gusto leer. Podía haber puesto los enlaces de todos los blogs, no quiero dejar a nadie, pero estos son a los que rindo homenaje. Ahí escribo.
Es cierto que en nuestra vida nos encontramos con personas de todo tipo, que nos caen mejor o peor, que son más o menos simpáticas, más o menos amables… No hace falta que pertenezcan a una institución de la Iglesia para ponerla una etiqueta por el comportamiento de sus individuos. Lo mismo que pensamos de los demás, pueden hacerlo de nosotros. Y no nos damos cuenta.
Hoy me gustaría hablar de las normas de piedad. Algunos podrán considerarlas como prácticas obligatorias para que, al llegar la noche en la hora del examen, uno pueda quedarse “tranquilo” de haber “cumplido” con su piedad.
Si una cosa he descubierto en este último tiempo, hace casi 18 años que no soy de la Obra, es que esas normas de piedad no suponen para mi un cumplir con nadie, ni con el sacerdote con el que me confieso, ni con el amigo que tengo y al que le cuento mis cosas, porque quiero, ni tan siquiera con mi conciencia.
Para mí, esas prácticas de piedad suponen, cada una de ellas, un encuentro personal e íntimo con el Señor. Se que le viene muy bien a mi alma y se que sin rezar la estaría “matando” de hambre. Por eso al llegar por la noche y hacer ese pequeño examen de conciencia, lo que miro no es si las hice, sino qué cariño y atención puse en ellas. Si no las hice, saber buscar objetivamente el por qué de esa omisión. Para ello acudo a mi ángel de la guarda para que me ayude a ser sincero conmigo mismo. Sin duda, no todos los días son iguales, pero se que el día siguiente supondrá un nuevo reto y dependerá de mi, una vez más.
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