Un 4 de diciembre

diciembre 4, 2008 a las 10:01 am | Escrito en Familia, Mis charcos, Novena de la Inmaculada, Opus Dei | Deja un comentario

Hoy justo es el meridiano de la Novena de la Inmaculada. Mucha gente vive esta costumbre de preparar esta fiesta de la Virgen. En bastantes lugares se celebra una Misa donde van personas que quieren honrar a nuestra Madre, con propósitos. Aunque es un acto multitudinario, cada uno lo vive interiormente y acude a la intercesión de María para pedir por lo que necesita o por quién lo necesita. Son días en los que parece que el cielo está más abierto a concedernos más luces, más gracia, para nuestros avatares diarios. No olvidemos, que también en el trato con Dios, como con las personas, el amor es cosa de dos. Él ya se anticipa, resta poner nuestra aportación a esa relación, cada uno según su generosidad.

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Toda una señora, madre de siete hijos y con una gran capacidad de sacrificio por su familia. Como todas las madres, lo lleva en silencio, pero no consigue que pase desapercibido.

También hoy hace años que pedí la admisión en el Opus Dei. Ese día lo tengo grabado como que bastante fuerte. Recuerdo casi todo el día. Tenía 15 años, y recuerdo cómo Dios se fue metiendo en mi vida en la medida que yo le trataba más con unas normas de piedad que procuraba rezar durante el día. Partió de mi la idea de pedir la admisión, tenía la impresión que el Señor me estaba pidiendo algo y esa era la forma concreta de cumplir su voluntad. También recuerdo cómo en la medida que dejé de ir frecuentando esas prácticas de piedad, cada día estaba más cerca de la puerta de salida del Opus Dei. Uno siempre se las apaña para dejar el último lo más importante, dando prioridades a temas un tanto más vanales. Por eso qué importante es que cuando algo me viene y es urgentísimo dar una solución, procuro pensar en las consecuencias que esa decisión -sobre el tema en cuestión- tendrá para el futuro.

Un 4 de diciembre

diciembre 4, 2008 a las 10:01 am | Escrito en Familia, Mis charcos, Novena de la Inmaculada, Opus Dei | 1 comentario

Hoy justo es el meridiano de la Novena de la Inmaculada. Mucha gente vive esta costumbre de preparar esta fiesta de la Virgen. En bastantes lugares se celebra una Misa donde van personas que quieren honrar a nuestra Madre, con propósitos. Aunque es un acto multitudinario, cada uno lo vive interiormente y acude a la intercesión de María para pedir por lo que necesita o por quién lo necesita. Son días en los que parece que el cielo está más abierto a concedernos más luces, más gracia, para nuestros avatares diarios. No olvidemos, que también en el trato con Dios, como con las personas, el amor es cosa de dos. Él ya se anticipa, resta poner nuestra aportación a esa relación, cada uno según su generosidad.

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Toda una señora, madre de siete hijos y con una gran capacidad de sacrificio por su familia. Como todas las madres, lo lleva en silencio, pero no consigue que pase desapercibido.

También hoy hace años que pedí la admisión en el Opus Dei. Ese día lo tengo grabado como que bastante fuerte. Recuerdo casi todo el día. Tenía 15 años, y recuerdo cómo Dios se fue metiendo en mi vida en la medida que yo le trataba más con unas normas de piedad que procuraba rezar durante el día. Partió de mi la idea de pedir la admisión, tenía la impresión que el Señor me estaba pidiendo algo y esa era la forma concreta de cumplir su voluntad. También recuerdo cómo en la medida que dejé de ir frecuentando esas prácticas de piedad, cada día estaba más cerca de la puerta de salida del Opus Dei. Uno siempre se las apaña para dejar el último lo más importante, dando prioridades a temas un tanto más vanales. Por eso qué importante es que cuando algo me viene y es urgentísimo dar una solución, procuro pensar en las consecuencias que esa decisión -sobre el tema en cuestión- tendrá para el futuro.

Un 4 de diciembre

diciembre 4, 2008 a las 10:01 am | Escrito en Familia, Mis charcos, Novena de la Inmaculada, Opus Dei | Deja un comentario

Hoy justo es el meridiano de la Novena de la Inmaculada. Mucha gente vive esta costumbre de preparar esta fiesta de la Virgen. En bastantes lugares se celebra una Misa donde van personas que quieren honrar a nuestra Madre, con propósitos. Aunque es un acto multitudinario, cada uno lo vive interiormente y acude a la intercesión de María para pedir por lo que necesita o por quién lo necesita. Son días en los que parece que el cielo está más abierto a concedernos más luces, más gracia, para nuestros avatares diarios. No olvidemos, que también en el trato con Dios, como con las personas, el amor es cosa de dos. Él ya se anticipa, resta poner nuestra aportación a esa relación, cada uno según su generosidad.

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Toda una señora, madre de siete hijos y con una gran capacidad de sacrificio por su familia. Como todas las madres, lo lleva en silencio, pero no consigue que pase desapercibido.

También hoy hace años que pedí la admisión en el Opus Dei. Ese día lo tengo grabado como que bastante fuerte. Recuerdo casi todo el día. Tenía 15 años, y recuerdo cómo Dios se fue metiendo en mi vida en la medida que yo le trataba más con unas normas de piedad que procuraba rezar durante el día. Partió de mi la idea de pedir la admisión, tenía la impresión que el Señor me estaba pidiendo algo y esa era la forma concreta de cumplir su voluntad. También recuerdo cómo en la medida que dejé de ir frecuentando esas prácticas de piedad, cada día estaba más cerca de la puerta de salida del Opus Dei. Uno siempre se las apaña para dejar el último lo más importante, dando prioridades a temas un tanto más vanales. Por eso qué importante es que cuando algo me viene y es urgentísimo dar una solución, procuro pensar en las consecuencias que esa decisión -sobre el tema en cuestión- tendrá para el futuro.

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