Crisis

diciembre 24, 2008 a las 9:13 am | Escrito en Cajón de sastre, Madre Teresa de Calcuta, Mis charcos | 9 comentarios

Y no me estoy refiriendo a la económica, que existe. En una sociedad en la que hay personas que están poniendo todo su empeño en arrancar a Dios del mundo, todavía existe -en el interior incluso de esos- un algo de inquietud por lo divino. Se trata de estar atento para ayudarles.

Suelo ir a misa de ocho de la mañana a una iglesia del barrio de Salamanca, voy un poco antes para hacer un rato de oración. Todos los días pasan personas que están un rato en la iglesia, rezando, pidiendo, lo que sea. Algo las mueve a pasar para contar sus cosas al Señor. Desde señoras que se sientan y al rato marchan, un señor con su ropa de trabajo que entra por una puerta y sale por la otra, previo paso de estar un rato de rodillas. Así unos cuantos. Hoy también ha sucedido algo que me ha dado alegría y es que había cola para confesarse, y para ello había que madrugar. La gracia está al alcance de todos.

Lo que pienso que nos falta es valentía y coherencia. Valentía para no avergonzarnos de quienes somos y lo que hacemos. Coherencia para que nuestra vida sea igual en todos los lugares en los que nos movemos. Como decía la Madre Teresa de Calcuta predicar el Evangelio con nuestras acciones. No se trata de sermonear, muchas veces, las más, es cuestión de que los demás vean en nosotros nuestro ejemplo de vida. Mas vale una vez rojo que ciento amarillo, dice el refrán. Aunque me gusta mucho más aquello que dijeron los Apóstoles en los Hechos: no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. Cada uno sabrá hasta dónde llega con eso de la unidad de vida o la doble vida, depende de cómo se mire.

Hoy hace dos años que comencé este blog. Cumple con lo que me propuse, porque se que llega donde quiero que lo haga. Trabajo cuesta, pero merece la pena.

¡Feliz Navidad!

Crisis

diciembre 24, 2008 a las 9:13 am | Escrito en Cajón de sastre, Madre Teresa de Calcuta, Mis charcos | Deja un comentario

Y no me estoy refiriendo a la económica, que existe. En una sociedad en la que hay personas que están poniendo todo su empeño en arrancar a Dios del mundo, todavía existe -en el interior incluso de esos- un algo de inquietud por lo divino. Se trata de estar atento para ayudarles.

Suelo ir a misa de ocho de la mañana a una iglesia del barrio de Salamanca, voy un poco antes para hacer un rato de oración. Todos los días pasan personas que están un rato en la iglesia, rezando, pidiendo, lo que sea. Algo las mueve a pasar para contar sus cosas al Señor. Desde señoras que se sientan y al rato marchan, un señor con su ropa de trabajo que entra por una puerta y sale por la otra, previo paso de estar un rato de rodillas. Así unos cuantos. Hoy también ha sucedido algo que me ha dado alegría y es que había cola para confesarse, y para ello había que madrugar. La gracia está al alcance de todos.

Lo que pienso que nos falta es valentía y coherencia. Valentía para no avergonzarnos de quienes somos y lo que hacemos. Coherencia para que nuestra vida sea igual en todos los lugares en los que nos movemos. Como decía la Madre Teresa de Calcuta predicar el Evangelio con nuestras acciones. No se trata de sermonear, muchas veces, las más, es cuestión de que los demás vean en nosotros nuestro ejemplo de vida. Mas vale una vez rojo que ciento amarillo, dice el refrán. Aunque me gusta mucho más aquello que dijeron los Apóstoles en los Hechos: no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. Cada uno sabrá hasta dónde llega con eso de la unidad de vida o la doble vida, depende de cómo se mire.

Hoy hace dos años que comencé este blog. Cumple con lo que me propuse, porque se que llega donde quiero que lo haga. Trabajo cuesta, pero merece la pena.

¡Feliz Navidad!

Crisis

diciembre 24, 2008 a las 9:13 am | Escrito en Cajón de sastre, Madre Teresa de Calcuta, Mis charcos | Deja un comentario

Y no me estoy refiriendo a la económica, que existe. En una sociedad en la que hay personas que están poniendo todo su empeño en arrancar a Dios del mundo, todavía existe -en el interior incluso de esos- un algo de inquietud por lo divino. Se trata de estar atento para ayudarles.

Suelo ir a misa de ocho de la mañana a una iglesia del barrio de Salamanca, voy un poco antes para hacer un rato de oración. Todos los días pasan personas que están un rato en la iglesia, rezando, pidiendo, lo que sea. Algo las mueve a pasar para contar sus cosas al Señor. Desde señoras que se sientan y al rato marchan, un señor con su ropa de trabajo que entra por una puerta y sale por la otra, previo paso de estar un rato de rodillas. Así unos cuantos. Hoy también ha sucedido algo que me ha dado alegría y es que había cola para confesarse, y para ello había que madrugar. La gracia está al alcance de todos.

Lo que pienso que nos falta es valentía y coherencia. Valentía para no avergonzarnos de quienes somos y lo que hacemos. Coherencia para que nuestra vida sea igual en todos los lugares en los que nos movemos. Como decía la Madre Teresa de Calcuta predicar el Evangelio con nuestras acciones. No se trata de sermonear, muchas veces, las más, es cuestión de que los demás vean en nosotros nuestro ejemplo de vida. Mas vale una vez rojo que ciento amarillo, dice el refrán. Aunque me gusta mucho más aquello que dijeron los Apóstoles en los Hechos: no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. Cada uno sabrá hasta dónde llega con eso de la unidad de vida o la doble vida, depende de cómo se mire.

Hoy hace dos años que comencé este blog. Cumple con lo que me propuse, porque se que llega donde quiero que lo haga. Trabajo cuesta, pero merece la pena.

¡Feliz Navidad!

Lo que nos distrae

septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | 4 comentarios
Fotografía del blog de mi amigo Javier

A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.

Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.

Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.

Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.

Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.

Lo que nos distrae

septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de mi amigo Javier

A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.

Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.

Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.

Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.

Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.

Lo que nos distrae

septiembre 2, 2008 a las 9:55 am | Escrito en ex-opus, Madre Teresa de Calcuta, Opus, Opus Dei, Opus Dei al día, Opusdei, Oración | Deja un comentario
Fotografía del blog de mi amigo Javier

A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.

Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.

Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.

Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.

Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.

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