Una noche movidita
junio 15, 2007 a las 6:51 am | Escrito en Audacia, Sacramentos | Deja un comentarioTodo parecía ir bien. Era lógico que llorara, pues acababa de nacer. El aspecto era bueno, pero la cara de las enfermeras denotaba cierta preocupación. La doctora pidió un ambú y le aplicó aire a presión. No era normal, y tampoco que hubiera ocho enfermeras calladas, mirando con seriedad.
— ¿Pasa algo?
— Pablo se va a tener que quedar en observación…
— ¿Pero… han visto algo raro?
— Digamos que no acaba de adaptarse a la vida exterior. Es algo normal tratándose de un prematuro, pero tiene un poquito baja la saturación…
— ¿Puede morir?
— Hombre, es pronto para pensar en eso… Pero mejor que se quede en neonatos. La saturación la tiene en 74, que es un poquito baja, y vamos a llevarle a observación y poner una CPAP, a ver si conseguimos que le suba un poquito… Usted no se preocupe.
— Pablo se va a tener que quedar en observación…
— ¿Pero… han visto algo raro?
— Digamos que no acaba de adaptarse a la vida exterior. Es algo normal tratándose de un prematuro, pero tiene un poquito baja la saturación…
— ¿Puede morir?
— Hombre, es pronto para pensar en eso… Pero mejor que se quede en neonatos. La saturación la tiene en 74, que es un poquito baja, y vamos a llevarle a observación y poner una CPAP, a ver si conseguimos que le suba un poquito… Usted no se preocupe.
Me volví y procuré parecer tranquilo, pero mi mujer advirtió algo. Acababa de dar a luz, y estaba agotada. Traté de tranquilizarla, y ella fingió que lo estaba para no preocuparme. Lo importante era encomendar.
Al cabo de dos días, el sonido del teléfono rasgó la fría madrugada.
— ¿Si?
—¿Es usted el padre de Pablo?
— Sí, sí, soy yo…
— Pablo ha empeorado y nos lo vamos a llevar a UCI…
— ¿Pero, qué es lo que le pasa?
— Le hemos detectado un neumotórax, y tiene una pequeña infección… Vamos a tener que intervenirlo.
— ¿Es grave?
— Tratándose de un niño tan pequeño no es lo mismo que con un adulto…
— ¿Puede morir?
— Siempre existe un cierto riesgo…
— Bien… Por favor, ¿podrían llamar al capellán de guardia? Quisiera bautizarlo antes de empezar.
— Sí, sí, no se preocupe, enseguida lo llamamos.
— Muchas gracias. Hasta luego.
—¿Es usted el padre de Pablo?
— Sí, sí, soy yo…
— Pablo ha empeorado y nos lo vamos a llevar a UCI…
— ¿Pero, qué es lo que le pasa?
— Le hemos detectado un neumotórax, y tiene una pequeña infección… Vamos a tener que intervenirlo.
— ¿Es grave?
— Tratándose de un niño tan pequeño no es lo mismo que con un adulto…
— ¿Puede morir?
— Siempre existe un cierto riesgo…
— Bien… Por favor, ¿podrían llamar al capellán de guardia? Quisiera bautizarlo antes de empezar.
— Sí, sí, no se preocupe, enseguida lo llamamos.
— Muchas gracias. Hasta luego.
“¡Padre… Padre, échame un cable!”, rogué a san Josemaría. Incluir un taco en una oración no era normal, pero era lo primero que me vino a la cabeza mientras me vestía a toda prisa. Me costaba hablar, y mi mujer me miró cubriéndose la cara con las manos.
— Si no viene el cura, lo bautizo yo. Reza a san Josemaría, a don Álvaro, a Montse, al doctor Ortiz de Landázuri, a Juan Pablo II… En fin. A todos, ¿eh?
— ¿Llevas las llaves y el móvil?
— Sí, sí, lo tengo todo en la mariconera.
— ¿Te llamo a un taxi? Son las dos de la mañana. ¿Llevas dinero?
— ¿Cómo no va a haber? Si hay una parada abajo. Dinero llevo.
— ¿Llevas las llaves y el móvil?
— Sí, sí, lo tengo todo en la mariconera.
— ¿Te llamo a un taxi? Son las dos de la mañana. ¿Llevas dinero?
— ¿Cómo no va a haber? Si hay una parada abajo. Dinero llevo.
No había ningún taxi. “¡…Padre, haz que venga uno!” Y no venían. Tras quince eternos minutos al fin vino uno.
— A la maternidad de O’Donnell.
— ¿Cogemos por aquí todo recto, o prefiere por Marqués de Corbera?
— Pues… por Marqués de Corbera mismamente.
— ¿Cogemos por aquí todo recto, o prefiere por Marqués de Corbera?
— Pues… por Marqués de Corbera mismamente.
Lo dije por decir, pues en realidad no sabía ni dónde estaba Marqués de Corbera.
Al entrar en la UCI Pablo tenía buen aspecto, y agarraba nervioso los tubitos que le ayudaban a seguir vivo.
— Buenas noches, padre. Cuando quiera.
Tras una breve ceremonia, el sacerdote abrió una ampolla de agua destilada y dejo caer tres gotas sobre la frente de Pablito, al tiempo que pronunciaba la fórmula del Bautismo: Pablo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Pablito acababa de ingresar en la Iglesia Católica.
Tras su Bautismo empezó la intervención. Me retiré al pasillo, a esperar, y me acomodé en una butaca con rajaduras de navaja; comencé una novena a San Josemaría, pero no llegué ni a acabar la primera estampa, porque el sueño me venció. Estuve durmiendo como un tronco hasta las cinco.
— ¿Qué tal ha ido todo?
— Muy bien… Le hemos estado buscando para decirle que le ha subido la saturación a noventa.
— ¿No está muy quieto?
— Sí, es normal. Antes el pobre se ve que no podía respirar bien, y por eso estaba intranquilo. Le hemos sacado una burbujita de aire, y ya parece que todo va mejor…
— Muy bien… ¡Pues muchas gracias!
— Muy bien… Le hemos estado buscando para decirle que le ha subido la saturación a noventa.
— ¿No está muy quieto?
— Sí, es normal. Antes el pobre se ve que no podía respirar bien, y por eso estaba intranquilo. Le hemos sacado una burbujita de aire, y ya parece que todo va mejor…
— Muy bien… ¡Pues muchas gracias!
Bajé a la capilla para dar gracias, y después me tomé un café con unas porras para celebrarlo. Después me marché a casa con una sensación de alegría indescriptible. Había sido una noche movidita.
David del Fresno
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