Espíritu deportivo

septiembre 27, 2007 a las 9:18 am | Escrito en Anti Opus, antiopus, Ex-Opus Dei, Exopus, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 8 comentarios

En mi etapa como entrenador había un detalle que no me gustaba nada. Era cuando un jugador quería hablar conmigo sobre su situación en el equipo, de cuántos minutos jugaba por partido y su mayor argumento era la comparación con el compañero. Considero que una de las pocas cosas buenas que tenía era que cada jugador sabía perfectamente su rol en la plantilla, porque se lo decía personalmente a cada uno. Ahí están los resultados.Cuando sufríamos una derrota el fin de semana, el primer día de entrenamiento manteníamos una charla y mi discurso era casi siempre el mismo: mirad cada uno vuestro partido, no miréis a vuestra a izquierda o a vuestra derecha –a los compañeros- y preguntaros si estuve a la altura de mis posibilidades, si podéis estar contentos con vuestro trabajo. Después de cada encuentro siempre he dormido mal, aún ganando, dando vueltas a la cabeza, analizando cada detalle. Lo primero miraba mi actuación, cómo había manejado los cambios y su influencia en el ritmo del partido, para bien o al contrario.

No es bueno ahogarse en la derrota, ni desesperarse. Una vez “descubiertos” los errores hay que poner manos a la obra, con trabajo y hablando. Con trabajo para mejorar aspectos del juego –defensivos o de ataque, estrategia, concentración…-. Hablando con cada jugador, individualmente, para corregir detalles pequeños que podían haber influido en una acción determinante. Más de una vez el vídeo ha demostrado al jugador que efectivamente podía haber estado mejor en esa jugada.

Pero en nuestra vida no nos graba nadie para que nos podamos dar cuenta que somos nosotros los que en ocasiones podemos estar equivocados. Una buena manera de salir adelante en la vida es mirando de frente a los problemas y solucionarlos desde dentro de uno. No estar continuamente dando vueltas al pasado, sin darnos cuenta que esto no nos hará cambiarlo.

Cuando leo que alguien ha perdido su fe o deja de practicar y en su día tuvo trato con Dios, me pongo en mis zapatos –no hay nada como haber vivido distintas situaciones- y una de las conclusiones que saco es la de dejadez. Por supuesto que generalizar es peligroso, pero al igual que el cuerpo necesita comer, descansar y ¡trabajar!, el alma necesita rezar. Es peligrosa la rutina. Amar es darse y en este caso es darse a alguien que ya lo dio todo por nosotros.

Después vendrá la segunda parte de cada historia. Sí, historia. Porque es una historia que nos inventamos para quedarnos tranquilos con nosotros mismos y buscamos complacencia en aquellos que dirán lo que queremos escuchar.

Es posible que tenga pocas cosas claras en esta vida, pero una de ellas es que tendré que dar cuenta de mi alma a Dios. Esto no me supone “comerme” la cabeza y estar temeroso -¡qué no es eso!- y que mi salvación depende de mi. ¿Cómo y quién decía eso de que Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti? Ahora no recuerdo, pero casi lo tengo.

En definitiva, entre Dios y yo. El Señor puso en mi camino el Opus Dei, que viene a ser como mi intermediario, el camino que más se ajusta a mi alma. Podía ser otro, los he conocido y no por curiosidad sino buscando, pero es este y con mis circunstancias personales.

Cada uno debe saber encontrar su lugar… y querer a todos. No nos hace ser mejores el hablar mal de los demás.

Sigo con mis cosas

septiembre 25, 2007 a las 9:32 am | Escrito en Anti Opus, antiopus, Cajón de sastre, Ex-Opus Dei, Exopus, Normas de piedad, Opus Dei, Opusdei, Oración | 18 comentarios

Se que últimamente los post de este blog están cambiando de rumbo. He decidido que en lugar de andar abriendo nuevos por qué no utilizar el que tengo. Por este motivo, si alguien quisiera leer otras cosas recomiendo cualquiera de los blogs amigos de la columna de la derecha (espero no volver a cambiarlos de lugar). Sugiero al Pianista, a una chica de Bilbao, a un aventurero de la abogacía, a uno que no le gusta el fútbol, a mi locutora favorita, navegar en el mar, a mi amiga chilena en Alemania y sus innumerables blogs, a mi amigo Dimas -espero que por fin nos podamos ver-, a un catalán por Cantabria, al lobo feroz que quiere cambiar el mundo, a una que lleva botas y a Benita (jajaja, ya sabes) que da gusto leer. Podía haber puesto los enlaces de todos los blogs, no quiero dejar a nadie, pero estos son a los que rindo homenaje. Ahí escribo.

El motivo que hizo que parte de mi tiempo lo dedicara a esto de internet fue el descubrimiento de una web en la que se hablaba del Opus Dei. Durante unos días me dediqué a leer casi todos sus artículos. En ellos se contaban, se cuentan, situaciones muy diversas, experiencias que no dejan indiferente al que las lee. A mí me provocó mirar hacia dentro primero y hacia delante después.Es cierto que en nuestra vida nos encontramos con personas de todo tipo, que nos caen mejor o peor, que son más o menos simpáticas, más o menos amables… No hace falta que pertenezcan a una institución de la Iglesia para ponerla una etiqueta por el comportamiento de sus individuos. Lo mismo que pensamos de los demás, pueden hacerlo de nosotros. Y no nos damos cuenta.

Hoy me gustaría hablar de las normas de piedad. Algunos podrán considerarlas como prácticas obligatorias para que, al llegar la noche en la hora del examen, uno pueda quedarse “tranquilo” de haber “cumplido” con su piedad.

Si una cosa he descubierto en este último tiempo, hace casi 18 años que no soy de la Obra, es que esas normas de piedad no suponen para mi un cumplir con nadie, ni con el sacerdote con el que me confieso, ni con el amigo que tengo y al que le cuento mis cosas, porque quiero, ni tan siquiera con mi conciencia.

Para mí, esas prácticas de piedad suponen, cada una de ellas, un encuentro personal e íntimo con el Señor. Se que le viene muy bien a mi alma y se que sin rezar la estaría “matando” de hambre. Por eso al llegar por la noche y hacer ese pequeño examen de conciencia, lo que miro no es si las hice, sino qué cariño y atención puse en ellas. Si no las hice, saber buscar objetivamente el por qué de esa omisión. Para ello acudo a mi ángel de la guarda para que me ayude a ser sincero conmigo mismo. Sin duda, no todos los días son iguales, pero se que el día siguiente supondrá un nuevo reto y dependerá de mi, una vez más.

Una de las excusas que hay para ir dejándolas aparcadas es la falta de tiempo. He dicho excusa, sí. También es verdad que alguna jornada se pueda torcer todo y de al traste con nuestra agenda tan organizada. Pero tenemos la suerte que, y más si estamos en gracia de Dios, la oración la podemos hacer en cualquier lugar, que nada nos impide llevar un libro –los hay de bolsillo- y poder leerlo en el autobús, en el metro o ¿tan siquiera diez minutos en cualquier sitio? La experiencia me dice que quien quiere puede, me lo he demostrado a mi mismo en otras actividades de mi vida, en otros momentos de la misma, muy distintos a los que vivo actualmente.

Blog de WordPress.com. | Tema Pool by Borja Fernandez.
Entradas y comentarios: feeds.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.