Cosas de ayer

septiembre 19, 2008 a las 10:22 am | Escrito en Aficiones, Altamira, Mis charcos, Opus, Opus Dei, Opusdei | Deja un comentario

Comenté que este año no entrenaría y no va a ser del todo cierto. Ayer comencé a echar una mano, procuraré ayudar pues el fútbol no es lo mío -ya con el fútbol sala tenía dudas-, en el club Altamira, una asociación juvenil promovida por el Opus Dei. Tienen una escuela de fútbol y baloncesto bastante bien organizada. Los que entreno son chicos de 1º y 2º de la ESO. Aunque ya entrené en esas categorías (hace tiempo), supone un reto considerable ‘enfrentarse’ a niños de esas edades. Pero continúo en mi club de Pinto también, ya contaré qué hago allí, que son varias cosas.

Como entrenador siempre he ¿admirado?, no se qué palabra utilizar, la disponibilidad del jugador para hacer aquello que tú le indicas en la cancha. Siempre he procurado exigirme a la hora de preparar cada entrenamiento y cada partido. Nunca he sido amigo de improvisar, un par de veces puede salirte bien, el resto puede terminar en chapuza.

El jugador te tiene que ver convencido de lo que les dices y lo que trabajas con ellos. Para trabajar al equipo tienes que procurar conocer también bien a cada jugador. Además de sus condiciones para ser futbolista, si descansa bien, si come bien… A más alto el nivel de exigencia de la competición, el jugador tiene que ser también más responsable, ya que uno es entrenador pero no detective.

Hay cosas que se pueden, y se deben, decir a nivel general -como grupo-, pero también hay que poner objetivos individuales a cada jugador: de mejora técnica, física o de posicionamiento. Dedicar tiempo a cada uno de ellos. Es más fácil hablar más con los que más juegan, pero los que lo hacen menos, también son jugadores tuyos y ellos se merecen también mi tiempo (¡mucho más, pues están más necesitados de confianza!) y estar más pendientes en los entrenamientos. Que cojan eso, confianza. Sobre la confianza, siempre he dicho que es de ida y vuelta. Del entrenador hacia el jugador y del jugador hacia el entrenador.

En los partidos, cuando vienen a vernos todos los amigos, aficionados, etc., a la hora de hacer un cambio, siempre hay dos bandos:

a) Del jugador que sale de la pista. Los suyos dicen: ¿pero qué hace este tío (por mi, claro)? ¿por qué lo quita, si está bien?.

b) Del jugador que le sustituye: ¡ya era hora! ¡menos mal que se ha dado cuenta que estaba fallando mucho! (por el que cambia).

A esto, decía a ‘mis’ jugadores, que los únicos comentarios que deben importarles son los míos. Porque, suele darse también en la vida real -¡ojo!, que esto también es real-, a nosotros siempre nos dirán -los que van con nosotros- lo que nuestros oídos quieren escuchar. Sin embargo, deportivamente hablando, yo soy el único que lo que le dice es para el bien suyo, primero, y el del equipo, como consecuencia.

En cada equipo existe un régimen interior o de funcionamiento. De esto toca otra día hablar.

Cosas de ayer

septiembre 19, 2008 a las 10:22 am | Escrito en Aficiones, Altamira, Mis charcos, Opus, Opus Dei, Opusdei | Deja un comentario

Comenté que este año no entrenaría y no va a ser del todo cierto. Ayer comencé a echar una mano, procuraré ayudar pues el fútbol no es lo mío -ya con el fútbol sala tenía dudas-, en el club Altamira, una asociación juvenil promovida por el Opus Dei. Tienen una escuela de fútbol y baloncesto bastante bien organizada. Los que entreno son chicos de 1º y 2º de la ESO. Aunque ya entrené en esas categorías (hace tiempo), supone un reto considerable ‘enfrentarse’ a niños de esas edades. Pero continúo en mi club de Pinto también, ya contaré qué hago allí, que son varias cosas.

Como entrenador siempre he ¿admirado?, no se qué palabra utilizar, la disponibilidad del jugador para hacer aquello que tú le indicas en la cancha. Siempre he procurado exigirme a la hora de preparar cada entrenamiento y cada partido. Nunca he sido amigo de improvisar, un par de veces puede salirte bien, el resto puede terminar en chapuza.

El jugador te tiene que ver convencido de lo que les dices y lo que trabajas con ellos. Para trabajar al equipo tienes que procurar conocer también bien a cada jugador. Además de sus condiciones para ser futbolista, si descansa bien, si come bien… A más alto el nivel de exigencia de la competición, el jugador tiene que ser también más responsable, ya que uno es entrenador pero no detective.

Hay cosas que se pueden, y se deben, decir a nivel general -como grupo-, pero también hay que poner objetivos individuales a cada jugador: de mejora técnica, física o de posicionamiento. Dedicar tiempo a cada uno de ellos. Es más fácil hablar más con los que más juegan, pero los que lo hacen menos, también son jugadores tuyos y ellos se merecen también mi tiempo (¡mucho más, pues están más necesitados de confianza!) y estar más pendientes en los entrenamientos. Que cojan eso, confianza. Sobre la confianza, siempre he dicho que es de ida y vuelta. Del entrenador hacia el jugador y del jugador hacia el entrenador.

En los partidos, cuando vienen a vernos todos los amigos, aficionados, etc., a la hora de hacer un cambio, siempre hay dos bandos:

a) Del jugador que sale de la pista. Los suyos dicen: ¿pero qué hace este tío (por mi, claro)? ¿por qué lo quita, si está bien?.

b) Del jugador que le sustituye: ¡ya era hora! ¡menos mal que se ha dado cuenta que estaba fallando mucho! (por el que cambia).

A esto, decía a ‘mis’ jugadores, que los únicos comentarios que deben importarles son los míos. Porque, suele darse también en la vida real -¡ojo!, que esto también es real-, a nosotros siempre nos dirán -los que van con nosotros- lo que nuestros oídos quieren escuchar. Sin embargo, deportivamente hablando, yo soy el único que lo que le dice es para el bien suyo, primero, y el del equipo, como consecuencia.

En cada equipo existe un régimen interior o de funcionamiento. De esto toca otra día hablar.

Cosas de ayer

septiembre 19, 2008 a las 10:22 am | Escrito en Aficiones, Altamira, Mis charcos, Opus, Opus Dei, Opusdei | 3 comentarios

Comenté que este año no entrenaría y no va a ser del todo cierto. Ayer comencé a echar una mano, procuraré ayudar pues el fútbol no es lo mío -ya con el fútbol sala tenía dudas-, en el club Altamira, una asociación juvenil promovida por el Opus Dei. Tienen una escuela de fútbol y baloncesto bastante bien organizada. Los que entreno son chicos de 1º y 2º de la ESO. Aunque ya entrené en esas categorías (hace tiempo), supone un reto considerable ‘enfrentarse’ a niños de esas edades. Pero continúo en mi club de Pinto también, ya contaré qué hago allí, que son varias cosas.

Como entrenador siempre he ¿admirado?, no se qué palabra utilizar, la disponibilidad del jugador para hacer aquello que tú le indicas en la cancha. Siempre he procurado exigirme a la hora de preparar cada entrenamiento y cada partido. Nunca he sido amigo de improvisar, un par de veces puede salirte bien, el resto puede terminar en chapuza.

El jugador te tiene que ver convencido de lo que les dices y lo que trabajas con ellos. Para trabajar al equipo tienes que procurar conocer también bien a cada jugador. Además de sus condiciones para ser futbolista, si descansa bien, si come bien… A más alto el nivel de exigencia de la competición, el jugador tiene que ser también más responsable, ya que uno es entrenador pero no detective.

Hay cosas que se pueden, y se deben, decir a nivel general -como grupo-, pero también hay que poner objetivos individuales a cada jugador: de mejora técnica, física o de posicionamiento. Dedicar tiempo a cada uno de ellos. Es más fácil hablar más con los que más juegan, pero los que lo hacen menos, también son jugadores tuyos y ellos se merecen también mi tiempo (¡mucho más, pues están más necesitados de confianza!) y estar más pendientes en los entrenamientos. Que cojan eso, confianza. Sobre la confianza, siempre he dicho que es de ida y vuelta. Del entrenador hacia el jugador y del jugador hacia el entrenador.

En los partidos, cuando vienen a vernos todos los amigos, aficionados, etc., a la hora de hacer un cambio, siempre hay dos bandos:

a) Del jugador que sale de la pista. Los suyos dicen: ¿pero qué hace este tío (por mi, claro)? ¿por qué lo quita, si está bien?.

b) Del jugador que le sustituye: ¡ya era hora! ¡menos mal que se ha dado cuenta que estaba fallando mucho! (por el que cambia).

A esto, decía a ‘mis’ jugadores, que los únicos comentarios que deben importarles son los míos. Porque, suele darse también en la vida real -¡ojo!, que esto también es real-, a nosotros siempre nos dirán -los que van con nosotros- lo que nuestros oídos quieren escuchar. Sin embargo, deportivamente hablando, yo soy el único que lo que le dice es para el bien suyo, primero, y el del equipo, como consecuencia.

En cada equipo existe un régimen interior o de funcionamiento. De esto toca otra día hablar.

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