Poseedores de la verdad

Octubre 29, 2007 at 11:30 am | In Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 11 Comments

(Fotografía del blog Garaje La Luna)

Vivimos de tal manera que nos movemos como seres infalibles, los demás son los que se equivocan, ¡miradme, soy vuestro ejemplo!, decimos.

Estamos aparcando a Dios de forma sutil, anteponemos lo “mío” por lo “nuestro”, el “yo” por el “nos” o el “vos”. Estamos perdiendo perspectiva, no nos percatamos que a Dios le tendremos, ¡le tenemos!, siempre. Nos falta fe.

Hay quienes no conocen a Dios; hay quienes, por la falta de trato con Él, se han instalado en su castillo y dudan de la sobrenaturalidad de la Iglesia y de casi todo lo que la conforma, como fruto de esto llegan a perder la fe, eso dicen, echando la culpa a otros de apartar a Dios de sus vidas.

Leía no hace mucho en un periódico gratuito, en una sección en la que preguntaban a padres sobre la religión en los colegios, que una madre decía que había elegido que su hijo no estudiara religión, que esa opción se la dejaba para cuando fuera mayor y que, así lo decía, ella misma creaba su religión. Religión a la medida, conductas morales a nuestra conveniencia, argumentos para justificar nuestra falta de compromiso.

Últimamente me pregunto sobre cómo ser más objetivo o en qué momento uno es más objetivo. Después de tantas equivocaciones, uno termina por concluir que el mejor lugar donde encontrar esa objetividad -sinceridad y valentía para enfrentarse a la verdad- es delante de Jesús Sacramentado. No se trata sólo, que es mucho, de contarle nuestras cosas, sino también el tener la disposición de saber escucharle; afrontar esos golpes en el alma, eso que “agita” a veces nuestra conciencia, sobre las cosas en las que hay que poner orden en nuestros quehaceres.

Es posible, cada uno es cada uno, que bastantes de los problemas que tenemos, incluso aquellos a los que no terminamos de dar una solución definitiva, sea por nuestra falta de presencia de Dios.

Me paro aquí. Quería escribir sobre otros asuntos, de cómo alucino con aquellos que saben interpretar fidedignamente, los demás no saben o no sabemos, los documentos eclesiásticos, de qué es de Dios o qué no es. Nosotros, ¿somos de Dios o nos inventamos también nuestra religión?

Seguir caminando

Octubre 17, 2007 at 8:11 am | In Cajón de sastre, Mis charcos, Opus Dei, Opusdei | 11 Comments

Procurad adquirir las virtudes que creéis que faltan en vuestros hermanos, y ya no veréis sus defectos, porque no los tendréis vosotros. (San Agustín. Enarrationes in Psalmos, 30,2,7).

Es casi propio de la naturaleza humana hacer una valoración crítica de lo que nos rodea. Esto nos puede llevar a buscar las causas de algunos de nuestros males en el exterior sin pensar, o por lo menos sin profundizar lo suficiente, en la posibilidad de que algunas de esas causas provengan por nuestro comportamiento.

Yo no deseo convertirme en un defensor –tampoco hace falta- del Opus Dei, pero sí que después de leer y escuchar a los demás, también me apetece contar mis experiencias. Tengo la suerte de haberlas vivido en primera persona, por lo tanto nadie me va a engañar y no hay nada que se quede en el camino. Alguno dirá que sigo bajo las redes opusinas y que manipulan mi cabeza para escribir esto o pensar como pienso. Otro argumento que pueden decir, es que soy un sentimental que añora su pasado y que no soy capaz de salir de él. La mejor respuesta a esto sería que pasáramos un día juntos, es posible que un día pueda valer, para que pudieran percibir que no es así. ¡Vaya que no es así!

Tengo una máxima, ya le expuse en alguna ocasión: mi alma es entre Dios y yo. A mí, por lo menos a mí, la Obra me sirvió para conocer al Señor, si esto es así ¿puede ser mala? Si una persona tiene trato con Dios –trato sincero-, mediante los Sacramentos y la oración, no la veo capaz de faltar a la caridad, sin entrar a valorar si también puede estar faltando a la justicia. En todo caso, no hacer lo que critico o no hacer lo que no me gustaría que me hicieran.

Con quince años pedí la admisión en el Opus Dei, porque quise, de esto me acuerdo perfectamente. Casi doce años después me fui, también cuando quise. Nunca me sentí coaccionado. Recuerdo cómo el director del centro me intentaba ayudar. Hay que reconocer que en época de rebelión a uno la voluntad le falla –somos poco objetivos con nuestra alma, posiblemente esto sería más certero decir- y no era capaz de ver más allá de mi propia conveniencia. Es como los padres hacen con sus hijos pequeños, como estos no tienen voluntad para hacer las cosas (comer, por ejemplo), los padres la ponen por ellos.

El pasado. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, no estoy de acuerdo del todo o por lo menos no siempre, considero que cualquier tiempo pasado fue distinto. En mi caso, en unas ocasiones para dar gracias y en otras para desagraviar, también me río. Lo peor no es haber dejado la Obra, lo peor es todo ese tiempo que estuve sin querer a Dios. Agua pasada no mueve molino, esto si que es verdad. No me preocupo del pasado –ya no puedo hacer nada-, tampoco del futuro –no se qué pasará-, pero sí que me interesa el presente, el día a día. Desde luego, no podemos consentir que por pensar en el pasado nos quedemos parados en/con nuestras vidas.

Tengo un amigo que es jugador de fútbol sala de alta competición, concretamente portero. Últimamente no juega mucho, me llamó una noche de la semana pasada para desahogarse ya que lo está pasando mal (se pasa mal, de verdad, cuando uno piensa que no valoran su trabajo y su esfuerzo). Después de escuchar, le dije dos cosas. La primera, que tenía que ser un profesional y acatar las decisiones de su entrenador y que no pudieran tener reproche de él con respecto a su manera de entrenar y su compañerismo. La segunda cosa que le dije fue que hablara con el entrenador y le expusiera todo lo que pensaba, que no dejara en su cabeza nada que luego le pudiera dar quebraderos de la misma, así evitaría juicios sobre algo en lo que es posible que él viera unas cosas que no había. Después de hablar con él, me escuché a mi mismo y pensé: esto me suena ¿por qué no lo haré yo con mi vida?

Es muy importante desahogarse en el lugar adecuado, si nos entran dudas sobre algo lo mejor es ir a las fuentes. En todo caso, recomiendo la web Opus Dei al día.org, no es oficial de la Obra y creo que algo puede ayudar en bastantes aspectos. Pero insisto, lo mejor del todo es el boca a oreja y preguntar directamente para despejar dudas.

Retazos del fin de semana

Octubre 15, 2007 at 11:38 am | In Cajón de sastre, Mis charcos | 6 Comments

El fin de semana muy bien, gracias. Me alegró muchísimo que en el curso de retiro hubiera un cubano, de Cuba. Lleva catorce meses en España, vino con su mujer. Hay que encomendar que sus dos hijos puedan salir de allí, ahora viven con los abuelos. Por la edad del mayor, casi 18 años, parece algo complicado pues está en edad militar, la pequeña tiene 11 años.

Le di mi palabra que mis amigos blogueros le ayudarían en esta causa rezando por el asunto. Él se lo está pidiendo con fe a San Josemaría, pues el problema no es que no puedan salir por falta de recursos económicos, si no por falta de libertad.

También estuvo otro de Valladolid, está más cerca que Cuba. Me hacía gracia escucharle, por el acento más que nada (que no se enfaden Altea y Mara). Hay que reconocer que tenéis un acento pronunciado.

Por lo demás muy bien. Hoy he intentado contactar con dos amigos que hacía tiempo no sabía de ellos. Uno marchó al Perú y allí sigue, he hablado con su madre y me comenta que se ha casado con una peruanita y ya tienen tres niños. El segundo, sigue por Madrid, hablé con su mujer, tienen dos criaturas. Se que tendré que hacer más esfuerzos yo que ellos para vernos, es lo bueno que tenemos los solteros. Bueno, depende, dirán otros. Para mi no, cuestión de ¿gustos?

Un poco de todo. Por fin, unos días fuera

Octubre 9, 2007 at 9:01 am | In Aficiones, Mis charcos, Mons. Javier Echevarría, Opus Dei, Opusdei, Prelado | 19 Comments

Muchas cosas me gustaría contar, pero el tiempo escasea por estos lares. Primero, sobre un meme que me dejó Estarjo, sólo voy a comentar dos cosas que no me gustan, hay más, pero me quedo con estas:

1. No me gusta etiquetar a las personas, ni que lo hagan conmigo. Todos tenemos derecho a nuevas oportunidades. Soy de los que piensan que una cerveza se puede tomar con cualquiera. Nunca he retirado el saludo a nadie, aunque pensara que podría tener motivos y la razón la llevara yo.

2. No me gustan las justificaciones. Sobre todo las que se refieren a cuando uno espera a alguien y suelta cualquier cosa, prefiero un lo siento, sin más, o que avise por su retraso. No suelo preguntar el por qué, así evito que me puedan meter una bola.

Otra cosa. Este fin de semana hay dos amigos que me han demostrado que lo son de verdad. Los dos se llaman “Manolos”, uno es Manolo V. y el otro Manolo C., el primero fue el que me introdujo en el mundo del fútbol sala. Me han demostrado que fui torpe con un asunto y agradezco su comprensión. El primero se que lee este blog. Manolo, no te quedes con las ganas y pon algún comentario.

Por último, este fin de semana me voy a Molinoviejo. Haré mi Curso de retiro. Todavía no se si podré disfrutar de algún día de vacaciones más, todavía no he podido tomarlas. Sobre este medio, habla en su última carta el Prelado del Opus Dei. Voy a la casa, de las veces que he ido allí, creo que tres, de la cantidad de gente que había me tuve que ir a dormir -junto con más- al pabellón. Eso me pasa por ser joven, por lo menos más que la mayoría de los que estaban. Algún día contaré de cómo me perdí en una habitación, sí sí, me perdí en una habitación.

Sobre las aventuras con mi equipazo, aseguro un post en exclusiva con ellos. Me lo harán pasar bien, ya lo hacen, y me ayudarán a mejorar en la virtud de la paciencia, seguro.

Aprovechando la fiesta de hoy

Octubre 1, 2007 at 9:21 am | In Aficiones, Mis charcos, Santa Teresa de Lisieux | 5 Comments

El ser como niños, como nos dice Jesús en el Evangelio, no supone hacer un ejercicio de inmadurez, que algunos así lo pueden interpretar. Supone más bien, un fiarse y abandonarse en Dios, y mostrar una actitud filial como la tienen los pequeñajos con sus padres. Pedir como piden los niños, con toda su sencillez y espontaneidad. Con toda naturalidad.

En nuestro porte debemos ser maduros, con los seguros errores que podamos cometer, pero que sean más bien fruto de nuestra debilidad más que de nuestra maldad. Siempre podemos, debemos recomenzar, como decía San Josemaría, cada vez que hago un acto de contrición, recomienzo. Más o menos así lo leí en uno de los libros que escribió para que nos apoyáramos en ellos y así abrir nuevos horizontes en nuestra oración y en nuestra lucha diaria.

La fotografía es del equipo que este año llevo, ya véis lo grandes que son. Empatamos a seis y la verdad que las sensaciones que me quedaron fueron mejores de las que suponía. Hay que confiar más en los demás. Con el encuentro me hago una idea mejor de las cosas a trabajar para que este pedazo de jugadores evolucionen en la técnica del fútbol sala.

Reconozco que la hora que les entreno, es para mi como estar en el recreo, me ayudan a desconectar de los “problemas”. También reconozco que el sábado en el partido me tuve que contener para no dar algún grito, por estar acostumbrado a los “grandes”. Dos de los goles que nos hicieron fueron por dos acciones desafortunadas del gran Juan, ¡no pasa nada! (¿dónde habré leído esto hace poco?) dije, para aprender también hay que equivocarse a veces. Luego, algún comentario al resto de los niños para que le ayudaran a la hora de salir con el balón controlado.

Hoy es Santa Teresa de Lisieux, de la que tanto podemos aprender por caminos de infancia espiritual y abandono.

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